Aug 31

Sobre la diferencia entre la Política y la escritura de Novelas:

Los hábitos mentales que se requieren para ser novelista son antitéticos a aquellos que se requieren para la actividad política. Un político competente y trabajador abrirá una lata de gusanos sólo como último recurso, y después tratará de descartar los gusanos malos, hará que los gusanos buenos se pongan en línea, y finalmente pondrá a los gusanos buenos en una mejor lata. Un escritor de ficción que se tome en serio la escritura, abrirá la misma lata sólo porque sí, al tiempo que da un alegre grito de "¡Wow!, ¡Maravilloso! ¡Gusanos!" y se pondrá a jugar con los gusanos, los enseñará a ser amigos, les pondrá nombres, los disfrazará, tratará de entrevistar a los gusanos y, probablemente, tratará de convertirse en un gusano. Naturalmente, ha tirado la lata inmediatamente, porque los gusanos necesitan espacio para anudarse y copular y hacer más gusanos; si ha de poner los gusanos en cualquier lugar, será en algo más interesante que una lata, probablemente en un florero, una bañera o un frasco de salsa.

Tomado de Making Light, de una entrada de Teresa Nielsen

Traducción: © Andrés Borbón 2007

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Aug 31

…la ilusión (la alucinación) de la escritura tiene que ver con un error fundamental: La Ignorancia. Mientras más leemos, menos queda por escribir. El mejor escritor (y el más feliz, tal vez) es aquél que no lee ni el periódico y que vive y trabaja en un país sin bibliotecas y sin lectores, o con muchos amigos caritativos que fingen admirarlo…

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Aug 31

…acaba de cumplirse un aniversario más del nacimiento de Julio Cortázar, y he estado buscando información sobre él aquí y allá. Su aspecto siempre me pareció algo extraño, y seguramente contribuyó a alimentar su imagen de Gran Cronopio, como se le suele llamar. Ahora resulta que lo de grande es porque padecía gigantismo acromegálico…

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Aug 31

cortazar

Este es un fragmento del texto: "Allá, Julio, donde estés" de Idalia Sautto, aparecido en Letralia:

En la esquina de una habitación, en aquel departamento parisino en el que vivió sus últimos años Julio, y también Carol, hallamos a Julio de espaldas a una puerta que está abierta a la blancura. La luz que entra, no sólo por la ventana que le da ángulo al cuerpo de Julio; la pared, la cajonera —sobre la que hay un radio—, y más arriba un cuadro enmarcando el dibujo de un gato a pluma, y claro, el librero que se asoma al encuadre, todo es barnizado por el blanco de la fotografía, tal vez incluso de la realidad. Abajo, junto a Julio, que está sentado en el suelo y se recarga en el pretil de la puerta abierta, y si acaso pudiera estirar más su pie tocaría la mesita. Sobre la que tiene una taza de café en su correspondiente platito, y junto algo que —indudablemente— parece un bote de Nescafé: “Siempre que una persona tiene una lata de Nescafé me doy cuenta de que no está en la última miseria; todavía puede resistir un poco”.

Mirarte ahora, esta vieja fotografía que trae tu mirada de gato verde y tú —Julio— eres la única ventana de la esfera que hace de la vida un juego inesperado, siempre bien agradecido y lleno de huellas púrpuras que te esconden por debajo tantas cuartillas con interminables caminatas, un café escondido por un caracol y un pucho que enciende un cigarro, o más bien, un cigarrillo. Una pequeña frase es suficiente para escuchar tu voz e imaginar que andas por ahí mirando siempre por encima del hombro, diciendo vaya a saber qué.

Julio está sentado en el suelo, y en una mano sostiene una cámara profesional de fotografía. Tiene sus piernas en ele, como si no hubiera otra forma de acomodar sus dos metros de estatura en aquel rincón. La expresión de Julio es una muy peculiar, no mira a la cámara, más bien es sorprendido desde la ventana que da al balcón, ese balcón que en la parte de la recámara abierta se hace silla, bolsa, acero borroneado por la bruma, y que en el preludio de alcanzar a Julio y a Heidegger se hace casi página en blanco, se hace también mecedora de granadillo y mimbre. Julio precisamente señala con un dedo y con una sonrisa ese ser que se asoma desde el balcón, que coloca su pata en la ventana y lo observa, y se reconocen como dos gatos que son incapaces de presumir la sabiduría que hay más allá de sus miradas.

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Aug 31

El silencio es la tela sobre la que están dibujados los sonidos, la paleta del músico, la cuerda donde el que habla cuelga las palabras como si pusiera ropa a secar. Tanto se ha dicho del silencio que uno se pregunta si no sería mejor callar para explicarlo mejor, abolir las frases que intentan definirlo, anular el ruido de fondo que lo oculta. Pocos han escuchado el verdadero silencio, y ni los sordos lo conocen con certeza. Sólo los muertos, tal vez, están en condiciones de saber de qué se trata, pero nuestras plegarias los distraen.

© Andrés Borbón 2007

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Aug 30

…convertir las ideas en palabras no es una tarea tan ardua. Lo difícil es hacer que unas y otras se parezcan. A veces (más frecuentemente de lo que uno piensa) acontece el proceso opuesto: Las palabras terminan transformándose en ideas. Es el proceso opuesto a la escritura… enterarnos de lo que en realidad queríamos decir después de haberlo escrito…

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Aug 30

…viendo (una y otra vez) un video en el que Julio Cortazar habla sobre las experiencias que tuvo al caminar por París entiendo, de pronto, esa cualidad errabunda de sus cuentos: Los personajes de Cortázar se mueven. No me refiero al movimiento literario (cualquier cosa que eso signifique), sino al verdadero movimiento, a la acción física de desplazarse. Los personajes de Cortázar (a diferencia de los míos, que son sedentarios) tienen piernas reales, se mueven mediante verbos que sudan, a los cuales les salen ampollas en los pies de recorrer páginas y páginas en sus travesías estáticas. Pobres personajes de Cortázar… condenados a caminar para siempre…

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Aug 30

Cortazar, acerca de caminar por París. Hablado en francés, aunque con subtítulos.

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Aug 30

Cortázar, hablando sobre lo fantástico y lo Real.

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Aug 30

El cuento "El Perseguidor", Narrado por Julio Cortázar… ¡Una Joya!

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