Archie McPhee, una compañía que se dedica a la venta de novedades, juguetes y otras rarezas, ha puesto a la venta paletas con la cabeza de Freud.
No importa de qué lado del diván se encuentre usted, siempre hallará que la idea tiene sus virtudes. ¿Enojado porque no ha logrado terminar las obras completas del genio? Déle una buena mordida e investigue qué hay dentro de la cabeza de quien que escribió tantas cosas jaladas de los cabellos. ¿Incómodo por las exorbitantes cuentas del terapeuta? Deje al psiquiatra plantado y váyase a lo grande, con el maestro de maestros. El resultado (lo comprobará pronto), es el mismo, con la diferencia de que la paleta, por lo menos, le hará sentir bien mientras dure. Si es de los que aún le tienen respeto al padre del psicoanálisis, sólo recuerde que el tipo es culpable de que la psiquiatría haya permanecido en el oscurantismo durante cincuenta años y verá cómo sus inhibiciones desaparecen de inmediato. Aunque usted no sea analista ni analizado, descubrirá que el asunto, además de sabroso, tiene su simbolismo. No me refiero al archinombrado tema fálico que los sucios psicoanalistas hipersexuales se apresurarán a señalar, sino al aspecto cultural. Freud, además de haber echado a perder la vida de muchos, ha influído poderosamente en nuestra forma de ver las cosas, desde el sexo hasta la comida. Déle su merecido por habernos quitado la venda de los ojos.
¿Interesado? Las paletas tienen sabor a sandía y se venden AQUÍ por $27.95 la caja con 24.
© Andrés Borbón 2007
