Freud Sabor a Sandía Las Reglas de Vonnegut
Aug 05

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Uno de los escritores de novela policiaca más sorprendentes de todos los tiempos fue, sin duda, Georges Simenon. Para quien no haya leído nada de él, puede comenzar con una de las más de cien novelas de la serie de Maigret, o con cualquiera de sus obras más “serias” como El Gato, Desconocidos en Casa, Domingo, Carta a mi Juez… Tratándose de Simenon, las recomendaciones son interminables, ya que escribió más de 200 novelas. No, no tecleé un cero de más. Lo pongo con letra: Doscientas Novelas. Y no estoy contando las más de 150 historias cortas que produjo a lo largo de su vida, ni las incontables obras que escribió antes de hacerse famoso y que publicaba con diferentes nombres.

¿Cómo lo hizo?

Simenon tenía un método que para la mayor parte de los mortales resultaría casi suicida: Escribía sus novelas en once días, casi sin dormir, fumando pipa tras pipa y consumiendo ingentes cantidades de café. Antes de iniciar la escritura, usaba una de sus famosas carpetas de papel manila: Un simple sobre donde anotaba las características de sus personajes, sus costumbres, sus peculiaridades. Después, se volcaba en la escritura por nueve días. Tecleaba día y noche, desconectaba los teléfonos, no recibía a nadie. Según sus palabras: “Durante esos días, vivo en la piel del personaje”. Después, dedicaba dos días enteros (¡!) a la revisión de la obra y la enviaba al editor. Si durante esos once días debía interrumpir la escritura por alguna razón, tiraba todo lo escrito y volvía a comenzar.

Tenía por costumbre someterse a una revisión médica antes y después de la proeza, y siguiendo las recomendaciones de su médico, procuraba no repetir la tortura más de tres o cuatro veces por año, pues con cada novela perdía varios kilos de peso, su tensión arterial se elevaba y quedaba absolutamente agotado.

Uno podría pensar que en once días nadie puede producir algo medianamente legible, pero la obra de Simenon se caracteriza por su enorme calidad. Su prosa es cuidada, limpia, sin florituras, absolutamente correcta y sus personajes son ejemplos de complejidad psicológica, de dimensionalidad.

Sus novelas (de las cuales se han vendido casi 600 millones de ejemplares) han sido llevadas al cine, a la radio y a la televisión, pero lo más importante es que la obra de Simenon permanece como un ejemplo de honestidad literaria, de dedicación al oficio y de una vocación ineludible, avasalladora.

© Andrés Borbón 2007

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