Es el primer día y eso anula, por lo menos temporalmente, el pasado. Nazco ahora. Cierro los ojos y veo la pared, la pared vacía. Tras un tiempo, es como si ella y yo fuéramos lo mismo: la misma cosa, la misma persona. Intercambiamos lugares, puntos de vista, perspectivas, sueños, pieles. La pared y yo, yo y la pared. Que fría se siente la soledad, que lejano el barullo, que dulce la quietud. Desde aquí lo veo todo: Nos veo. Mi superficie se pule con las miradas, con el paso del tiempo, con las hileras de hormigas, con el sutil roce de las voces, de los días, de los gritos, con la tersa caricia de los rayos lunares.
© Andrés Borbón 2007