Las horas de la noche son siempre más largas. Eso lo sabe cualquier insomne, cualquier transgresor de los horarios, cualquier prófugo del sueño, de la inconsciencia, del reposo. Generaciones de noctámbulos han descubierto que no existe equivalente en el mundo real para ese estado único, inexacto y, algunos dirán, fantasmagórico. Hacen falta muchas noches en blanco para hallar el ritmo preciso al que acontecen los minutos en esas horas oscuras, en esos puntos suspensivos de la existencia…
© Andrés Borbón 2007