El primer Dios, por desgracia, se parece tanto al último que nadie sería capaz de hallar la diferencia. Rezarle a uno o a otro, sin embargo, produce resultados completamente distintos. El primero, el más antiguo, satisfará el ruego, impondrá castigos o condenará al fiel, dependiendo del pecado y de la fe con que han sido pronunciadas las plegarias. Los dioses nuevos, sin embargo, son sordos o están tan ocupados con su agitada vida social que no tienen tiempo de prestarle atención a un simple creyente.
© Andrés Borbón 2007