Los gritos no viven, como los objetos, en el mundo real. Su reino es el de los miedos, el de los recuerdos, el del futuro. La cualidad más aterradora de un grito radica en el destino, en la fantasía, en nuestra capacidad para imaginar lo peor. Un vistazo al futuro basta, a veces, para traer de vuelta todos nuestros temores. Por eso los seres humanos vivimos alejados del porvenir, escondiéndonos de los gritos ajenos y sofocando los propios.
© Andrés Borbón 2007