Aug 30

Los atardeceres y el pasado tienen un nexo indisoluble. A diferencia del alba, la puesta del sol nos indica que algo se ha terminado, que valdría la pena recordarlo, dejar que se disuelva en el olvido o comunicárselo a otros. Sin embargo, el ajetreo de la vida moderna provoca que muchos atardeceres se pierdan para siempre, que pasen inadvertidos o que se les vea como una amenaza. Los días de los atardeceres, temo admitirlo, están contados.

© Andrés Borbón 2007

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Aug 29

…a todos nos gusta experimentar, de vez en cuando, la satisfacción del deber cumplido: Recostarnos contra el respaldo de la silla, hacer crujir las articulaciones y sonreír beatíficamente al vacío (o a la persona más cercana, si la hay). Desgraciadamente, escribir es una tarea que no admite este simple placer: Hay tanto por hacer, las metas son tan distantes y las jornadas tan vacías que uno siempre termina el día derrotado…

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Aug 29

…la elección de un tema sobre el cuál hablar debería reflejar fielmente nuestros deseos. Sin embargo, sucede exactamente lo contrario: El tema nos elige a nosotros. A veces, es como si el vlog se construyera por sí solo. En tales circunstancias, nos convertimos en poco más que secretarios, en transcriptores y, en el mejor de los casos, en intérpretes de los caprichos ajenos. Dicha situación, por fortuna, no es siempre desventajosa, pues el vlog sabe, mucho mejor que nosotros, lo que nos conviene. Y más nos vale hacerle caso, pues las batallas entre vlog y vloguero casi siempre terminan mal…

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Aug 29

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Hace poco leí un libro divertidísimo llamado Las Aventuras de Eddy Tenis Boy, de Eduardo Villegas (Editorial Nueva Imagen). Debo confesar que nunca había leído nada de este autor, pero ha sido una grata sorpresa hallarlo. El libro es una curiosa mezcla de la inverosimilitud más flagrante con el realismo más crudo. Eddy Tenis Boy es un detective privado adolescente que recibió su instrucción por correspondencia y que vive en Ciudad Nezahualcóyotl, un barrio popular de la Ciudad de México. Vive en un cuarto de azotea y se dedica a resolver desde los casos más triviales (el robo de un tanque de gas) hasta el desenmascaramiento de un asesino serial en Acapulco. Resuelve los casos más por obra de la casualidad que por méritos propios, pero ello no importa, pues a fin de cuentas este flamante y atípico detective ejerce su profesión más como un deporte que para ganar algún dinero.

Evidentemente, el propósito de Villegas no es dibujar un detective al estilo de Perry Mason, Ellery Queen o Maigret. Su objetivo es retratar a un adolescente de un barrio marginado y usar la trama policiaca como apoyo. Y lo consigue de manera absolutamente efectiva. Es una parodia de la novela negra, con mucho humor y un toque de originalidad que le estaba haciendo falta a la novela de detectives, lejos de las tediosas historias que vemos por todas partes: Pandilleros, narcos, policías corruptos o, en el peor de los casos, libros donde lo detectivesco es sólo el pretexto de moda para poder llamar "negra" a la obra, lo cual parece dar cierto prestigio últimamente.

Villegas crea con Eddy Tenis Boy una obra inteligente, mordaz y plenamente disfrutable, en el estilo de la mejor literatura policiaca.

© Andrés Borbón 2007

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Aug 28

Los gritos no viven, como los objetos, en el mundo real. Su reino es el de los miedos, el de los recuerdos, el del futuro. La cualidad más aterradora de un grito radica en el destino, en la fantasía, en nuestra capacidad para imaginar lo peor. Un vistazo al futuro basta, a veces, para traer de vuelta todos nuestros temores. Por eso los seres humanos vivimos alejados del porvenir, escondiéndonos de los gritos ajenos y sofocando los propios.

© Andrés Borbón 2007

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Aug 28

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Aug 28

…leyendo el excelente blog fotográfico de Al Kaplan, The Price of Silver, descubro para lo que sirve un lente de 15mm en una Leica M-6: Para tomar retratos ambientales de uno mismo. Como pie de página: ISO 400, f 2.8, 1/125 (tal vez 1/250). Lo único que me extraña es el color. Al Kaplan es famoso por sus blancos grises y sus negros impenetrables. Será la influencia del mundo moderno…

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Aug 28

…acabo de escribir la pequeña historia del viento y de la mariposa y me ha salido una cosa totalmente diferente a la que había planeado. Yo pretendía hablar de la mariposa, no del viento. Al final, la historia ha tomado su propio camino. Me pregunto si no será falta de oficio, de concentración o de carácter para domar a la mariposa y hacerla entrar en el relato tal como me lo había propuesto. El resultado me gustó, pero el proceso fue de lo más insatisfactorio…

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Aug 28

Animación basada en el cuento "Las Ruinas Circulares" de Jorge Luis Borges

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Aug 28

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Uno de los mejores libros de Ann Rule es, definitivamente, "Green River, Running Red", que trata del asesino serial conocido como El Asesino del Río Verde. Ann Rule es una escritora que se especializa en relatar historias de asesinos en serie y, hasta el momento, ha escrito unos 30.

Gary Ridgway era un buen ciudano, trabajaba como pintor de camiones en una empresa donde tenía un record de asistencia impecable. Estaba casado, tenía un hijo, le encantaba participar en actividades comunitarias, adoraba el campismo y era callado, tímido, pero servicial. Un buen trabajador, diría su jefe. Un esposo ejemplar, diría su esposa. Un buen padre, diría su hijo. El único problema con Ridgway era que le gustaba contratar prostitutas, que le excitaba asfixiarlas, y que mató unas cincuenta, según los cálculos más modestos. Comenzó su carrera criminal alrededor de 1980, y durante veinte años eludió a las autoridades. Disponía de los cadáveres en lugares tan apartados, que muchos de ellos fueron descubiertos varios años o décadas después. Ha sido, según algunos, el asesino serial norteamericano más prolífico de todos los tiempos, y uno de los más buscados.

Lo curioso del caso Ridgway es que, al parecer, no siguió los patrones habituales de un asesino serial. Frecuentemente, existe un típico aceleramiento de la conducta delictiva hasta su captura, su muerte o hasta una meseta que puede durar décadas. Ridgway dejó de matar, al parecer, por más de 17 años. Durante ese tiempo, participaron en el equipo para tratar de atraparlo los Cazadores de Mentes más prominentes: Robert Keppel y John Douglas. No obtuvieron ningún resultado, pues los perfiles que elaboraron resultaron ser absolutamente inexactos. Hasta el famosísimo asesino serial Ted Bundy participó, desde la cárcel, en la búsqueda del notable criminal (la situación se reproduciría en el libro de Harris, El Silencio de los Inocentes, cuando Lecter ayuda a Clarice Starling a buscar a Buffalo Bill). Todo resultó inútil: Ridgway se mantuvo a salvo de la policía hasta que, en el 2001 fue detenido al confirmarse que su DNA coincidía con el encontrado en tres de las víctimas. En una controvertida decisión judicial, Ridgway se libró de la pena de muerte al hacer un trato con las autoridades: Su vida a cambio de la confesión de todos los crímenes. En prueba de su buena fe, Ridgway ayudó a los investigadore a localizar algunos de los cuerpos que no habían sido encontrados hasta ese momento.

¿Por qué mataba Ridgway? Según él, porque las prostitutas eran malas, porque era más fácil matarlas que pagarles y porque hay pocas probabilidades de que los familiares denuncien a una prostituta desaparecida. Ridgway, además, estudió los casos de famosos asesinos seriales para evitar sus mismos errores e impedir ser capturado. Afortunadamente, está tras las rejas.

Persisten muchas dudas en torno al caso Ridgway: ¿Se ha contabilizado el número total de sus víctimas? ¿Realmente dejó de matar durante todo ese tiempo, o cambió de método? Según algunos, el número total de víctimas asciende a más de 100, o más…

En comparación, Jack el Destripador, con sus cinco vícttimas, parece un angelito.

© Andrés Borbón 2007

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