El lenguaje de los olores, de los aromas, es el lenguaje de la disolución, del lento mezclarse con lo que nos rodea. Cuando aspiramos el perfume de una rosa, aspiramos la rosa. Me pregunto a qué olerá una noche de Octubre, la Luna, los pasos de la gente, una sonrisa. Imagino que nuestro limitado olfato, nuestra ceguera nasal, tendrá como objetivo librarnos de aromas perturbadores, como el de un poema de amor, una gota de rocío o el del amanecer.
© Andrés Borbón 2007