Segundo Atardecer Fallece Marcel Marceau
Sep 19

CarlosFuentes_400

Recuerdo las tardes y las noches que pasé leyendo La Muerte de Artemio Cruz mientras yo mismo me encontraba convalesciente de una enfermedad menos grave que la del protagonista, pero que me obligó a permanecer en cama durante varios días. La elección de ese libro fue, al mismo tiempo, desafortunada y feliz. Morirse con el cacique fue una de las experiencias más aterrorizantes de mi vida, y saber que estaba vivo mientras el otro se moría me hizo sentir más saludable que nunca. Pero lejos de estas razones triviales, la lectura de ese libro me hundió en mi peor época como aspirante a escritor. Uno puede salir airoso al tratar de imitar a otros escritores (sin que el intento deje de verse como una copia), pero seguir los pasos de Fuentes resulta casi suicida, un despilfarro de vida que no vale la pena, que produce más monstruos que la imaginación incesante que menciona Fuentes en alguno de sus textos. El autor de Terra Nostra es el mejor representante de un ejemplo que no hay que seguir. Ha construído un ambiente literario en torno a sí mismo que lo ubica en una fortaleza a la que no puede accederse sin invitación y, por supuesto, al entrar recibe uno la advertencia: "Ver, y no tocar". Pero es algo digno de verse, de admirar. La obra de Fuentes aún se encuentra en los círculos más íntimos de mis preferencias literarias, pero la bóveda que contiene esos recuerdos está convenientemente rotulada con un letrero que anuncia peligro en grandes letras rojas, con todos los signos de admiración que caben en la cartulina.

© Andrés Borbón 2007

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