Primera Piel Carta a un Joven Yo
Oct 08

Las lágrimas tienen fama de ser el equivalente a la sangre. La sangre del alma, añadirían algunos. El error de ésta comparación se debe no a la ignorancia o a la exageración, sino a las limitaciones del lenguaje, de la palabra. ¿Cómo decir que las lágrimas y el alma son lo mismo? Imposible, ya que las definiciones hechas a base de sinónimos son, en el mejor de los casos, meras referencias, trucos de sabios o de memoristas. Los amantes del diccionario tendrán que conformarse con la entrada insulsa y aséptica que describe a las lágrimas como una función corporal, una secreción de los ojos, un mero líquido triste, agónico e indefinible.

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