Las lágrimas tienen fama de ser el equivalente a la sangre. La sangre del alma, añadirían algunos. El error de ésta comparación se debe no a la ignorancia o a la exageración, sino a las limitaciones del lenguaje, de la palabra. ¿Cómo decir que las lágrimas y el alma son lo mismo? Imposible, ya que las definiciones hechas a base de sinónimos son, en el mejor de los casos, meras referencias, trucos de sabios o de memoristas. Los amantes del diccionario tendrán que conformarse con la entrada insulsa y aséptica que describe a las lágrimas como una función corporal, una secreción de los ojos, un mero líquido triste, agónico e indefinible.
Oct 08