…para continuar con el vlog, basta contextualizar los pensamientos, incluírlos en el vlog, transformar una risa en palabras, un bostezo en palabras, una esperanza en palabras. No es difícil imaginar cómo una disciplina tal podría llevar al caos, a la intrascendencia y al hastío…
…leyendo un número reciente de Scientific American, encuentro que es posible provocar una euforia religiosa y sentir a Dios mediante el uso de una máquina que estimula ciertas áreas del cerebro. Por desgracia, la noticia no es buena, pues significa que basta alterar el cerebro de una persona para restaurar su fe, y que Dios es un cortocircuito entre dos neuronas…

Si pudiera escribir una carta, ponerla en un buzón y dejar que un cartero sobrenatural me la entregara veinte años antes, me llevaría una gran sorpresa al recordar que la juzgué una broma, que hice una pelota con ella y que fue a dar al cesto de basura junto a los versos erróneos, las cartas indecisas y los borradores de mis primeros cuentos fantásticos.
Las lágrimas tienen fama de ser el equivalente a la sangre. La sangre del alma, añadirían algunos. El error de ésta comparación se debe no a la ignorancia o a la exageración, sino a las limitaciones del lenguaje, de la palabra. ¿Cómo decir que las lágrimas y el alma son lo mismo? Imposible, ya que las definiciones hechas a base de sinónimos son, en el mejor de los casos, meras referencias, trucos de sabios o de memoristas. Los amantes del diccionario tendrán que conformarse con la entrada insulsa y aséptica que describe a las lágrimas como una función corporal, una secreción de los ojos, un mero líquido triste, agónico e indefinible.
Sin la piel, el mundo sería incapaz de penetrar en nosotros, perderíamos la posibilidad de conocer el viento, el calor del sol o el tacto de una pluma. Si decidiéramos prescindir de ella, quedaríamos encerrados en nosotros mismos para siempre pues los otros sentidos son, en comparación, simples remedos, burdos imitadores. Ejercer las infinitas posibilidadesde la piel, por otra parte, es una aventura que puede terminar en catástrofe pues ningún ser humano está preparado para el aluvión de sensaciones, para la verdad.