el café de la mañana la licuadora
Feb 15

He pasado toda la mañana hablando con Armando, mi editor, quien ha comenzado a presionarme acerca del libro que estoy escribiendo. Lo que comenzó como una charla amistosa en el restaurante del Sanborns de Cuicuilco se trasladó al bar y mutó a una discusión donde ambos nos transformamos en dos semi-borrachos irracionales y necios. Tras cuatro vodkas, Armando estaba rojo como Santa Claus y yo tan enojado con él que comencé a llamarlo Nando, lo cual siempre le saca piedritas en la vesícula.

Pero, al final, se ha impuesto él. Firmé un contrato, me gasté el anticipo y tengo una fecha de entrega, la cual debo respetar aunque no sé cómo voy a hacer para terminar a tiempo. Trabajando día y noche, ha dicho Armando, y le he plantado una cara que podría competir con la mirada asesina de Hannibal Lecter, o de Charles Manson, o de Ted Bundy, por lo menos. Finalmente, he pasado de las recriminaciones furibundas a las súplicas mariconas y Armando accedió a darme un mes más. Eso significa que tengo tres meses para terminar mi "Obra Maestra", como la ha llamado él un poco burlonamente. Aquello me ha puesto en un dilema: Contestarle como se merece o tragarme mi orgullo. Haciendo acopio de toda mi prudencia, he festejado su pequeña broma, aunque en el fondo tenía ganas de sacarle los ojos con los pulgares.

written by admin \\ tags:

Leave a Reply