manías problemas con una frase
Feb 27

Hoy fui a comer al mismo lugar de siempre. Se trata de una pequeña fonda cuyo nombre siempre me ha hecho reír: "El Recuerdo". Es atendida por dos mujeres que no podrían ser más distintas. Una es gorda y la otra flaca como una escoba. La flaca tiene muy mal carácter. Siempre lleva el gesto hosco y parece como si le molestara ver aparecer a los clientes en la puerta del negocio. Atiende las mesas con rudeza, sin decir palabra mas que cuando pregunta qué es lo que el cliente prefiere del menú. Sin embargo, es rápida y jamás olvida nada. La gorda, en cambio, es un pozo inagotable de amor y ternura. Ríe todo el tiempo y me da la impresión de que le gustaría abrazar a cada uno de los comensales con aquellos brazos rollizos, y apretarlos contra sus enormes tetas hasta que se asfixien. Me llama siempre por mi nombre. Cuando me ve, grita: "¡Juli querido! ¡Qué gusto!". La mujer, no obstante, tiene memoria de teflón y suele equivocar los platillos dos de cada tres veces. Cuando el cliente le hace notar su error, se da golpes en la frente con sus grandes manazas de dedos como chorizos y ríe, enseñando todos los dientes, que son perfectos y blanquísimos. Se disculpa por lo menos diez veces y se lleva los platos, aunque lo más probable es que los vuelva a confundir unos minutos después. Es tan amable y tan simpática que nadie se molesta, pero la mujer flaca es otro cantar: La reconviene frente a todo el mundo y le dice que es una inútil, que no es capaz ni de servir una mesa. La gorda, sin embargo, no se agüita. Suelta la carcajada y le dice a su compañera que no es para tanto, que le van a salir piedras en la vesícula de tanto hacer corajes. Una mujer sabia, a pesar de su estupidez.

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