El primo de un conocido de un amigo que, incidentalmente, es mi cliente, me sugirió la idea de crear un blog. Eso fue hace más de una semana y estuve posponiendo la decisión hasta que me armé de valor y, al calor de tres copas, decidí hacerlo.
Para futura anotación en la libreta de Reglas de la Vida: Nunca comiences un blog estando borracho, ni pasado, ni triste, ni desempleado, ni con deudas, ni enamorado… es más: No comiences un blog jamás.
No debe ser tan difícil, me dije a mí mismo, y la vocecita cachonda que siempre me acompaña (Consejo: Si vas a alucinar, que sea con una voz que te la ponga dura), dijo: Juli, querido, ¿te has vuelto loco? Bueno… loco, lo que se dice loco, pues no, pero eso depende de a quién le cuentes las cosas que se te ocurren.
Pero me estoy distrayendo: Di unos cuantos clicks, introduje el primer nombre que se me vino a la cabeza y, de pronto, ya estaba Tragando Grueso.
Tragando Grueso: Dícese del acto de pasar saliva ruidosamente, como sucede cuando estás intimidado, nervioso, expectante, con los huevos en la garganta o simplemente acojonado, como dicen los españoles.
…y es que no sabía qué demonios poner en la primera entrada de mi primer blog. El terror a la página en blanco es la misma mierda en internet que en la vida real.