alucinaciones el grifo
Mar 14

Cuando desperté, estaba de excelente humor, pero la realidad pronto se encargó de quitarme la sonrisa idiota de la cara, comenzando porque en la alacena no había mas que una sopa Maruchan y galletas saladas. Me comí la pinche sopa mentando madres y restregándome en la cara mi falta de previsión y mis nulas dotes culinarias. Después de un regaderazo, salí a comprar el periódico. No hallé el Universal, así que compré el último ejemplar del Excelsior que quedaba a la venta y le pedí al dependiente, un chico con orejas de Dumbo y nariz de rábano, que me apartara un ejemplar del Universal para el día siguiente.

Un poco al azar y sin ánimo de regresar a mi pocilga, me dirigí a un parque cercano e invadí una banca abandonada. A los pocos minutos, me topé con un viejo amigo quien, al verme, dijo que apenas había conseguido reconocerme. Yo le pregunté por qué y respondió que estaba más delgado y no llevaba el cabello tan corto como de costumbre, además de que ahora tenía cara de "hombre maduro".

Ya de regreso en mi casa, pasé el resto de la mañana mirándome en el espejo como esquizofrénico. Estudié cada uno de mis rasgos evaluando la profundidad de las entradas en mi cabello, las bolsas bajo los ojos, la extensión y anchura de cada línea de expresión. Sonreí, hice muecas, conté las tres canas de siempre y hasta comparé mi imagen con la de una fotografía antes de concluir que me veía como siempre y que mi amigo estaba loco, que tenía algo en los ojos o que, simplemente, había tenido la perversa y malsana intención de asustarme.

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