Todo está permitido

por Andrés Borbón.    February 12, 2010

Casi puedo ver la ira y la mirada despectiva de los puristas del lenguaje (en el remoto caso de que alguno de ellos se acerque a este sitio): Al escribir en un blog, todo está permitido, o casi todo, con tal de que sea comprensible y contribuya a comunicar una idea. Me refiero al uso y abuso de listados, a las negritas, cursivas, palabras en inglés, abreviaturas, neologismos y contracciones coloquiales del lenguaje… todo con tal de comunicar efectivamente, de sintonizarnos con nuestro público, de echar abajo algunas barreras que, querámoslo o no, dificultan la transmisión de los pensamiento, pero… (siempre hay un pero)… todo esto debe hacerse sólo por necesidad, no por deporte o por ignorancia. Dicen por ahí que las únicas personas con derecho a destrozar el idioma son aquellas que lo conocen a fondo, y estoy de acuerdo con esto: darle en la madre al español amerita un precio muy alto: amarlo profundamente y, aún así, darle una patada y romperlo un poco para obligarlo a cumplir con el objetivo de toda lengua: trasladar un pensamiento desde una cabeza a la otra por medio de las palabras.

El valor de las palabras

por Andrés Borbón.    February 10, 2010

A veces no sé si las cosas que tengo en la cabeza las leí en alguna parte o las he inventado yo, y cometo plagios involuntarios o atribuyo mis pocas ideas originales a otros, pero creo que esto sí lo dijo alguien que no fui yo, aunque no sabría atribuir la sentencia a alguien en particular.

Y aderezando mi mala memoria con algo de fantasía, diré que se trata de un escritor viejo, famoso y rico a quien una niñata sabrosa, menuda, tonta y con aires de intelectual le pregunta, micrófono en mano y actitud servil:

─Maestro, ¿cómo saber si algo tiene valor literario o no?

El viejo escritor (nadie está grabando en video) le mira detenidamente las piernas, el mullido, profundo, apretado y acogedor hueco entre las tetas y responde:

─Es como con las putas: Basta verlas y uno sabe al instante si vale la pena pagar por ellas.

El viejo, rico, famoso (e impotente) escritor desvía la cabeza hacia un costado, mira por la ventana, lanza un profundo suspiro y despide a la entrevistadora con un gesto de la mano, como quien espanta una mosca.

¿Escuchar o no escuchar?

por Andrés Borbón.    February 3, 2010

No voy a entrar en detalles porque se trata de un asunto complicado, pero recientemente tuve ciertos problemas con uno de mis blogs, donde la demanda por parte de los lectores me ha hecho tener que suprimir algunas de las características del blog en aras de mejorar el rendimiento del servidor, y las respuestas a dichos cambios no se han hecho esperar.

La mayor parte de los comentaristas, lectores fieles, constantes, amables y siempre dispuestos a ayudar, mencionaron que extrañan esas características, lo cual indica que no están conformes con los cambios. Ellos, sin embargo, mencionan que seguirán el blog aún en su forma actual (acotada).

Pero ha quedado clara una cosa: No están de acuerdo con las modificaciones.

Se han cumplido ya 24 horas de dichos cambios y, lejos de haber disminuido las visitas, estas han aumentado, e imagino que esto se debe a que el servidor es ahora capaz de responder mejor a los picos en las visitas, además de que el blog, en términos generales, es más veloz.

Pero… mis lectores más fieles no están contentos. Mis comentaristas son, como se diría coloquialmente, la cereza en el pastel del blog, la parte más brillante en el firmamento que rodea mi sitio. Son las personas que siempre están ahí cuando las necesito, que siempre responden al llamado, que se muestran, que tienen el valor de expresar su opinión y de contradecirme cuando piensan que estoy equivocado. Son, de alguna forma, la conciencia de mi sitio, una especie de alter-ego blogueril, de interlocutor constante, de compañía permanente.

¿Qué hacer? Evidentemente, escucharlos y complacerlos en la medida de lo posible. ¿Por qué? Porque interlocutores como ellos no son fáciles de encontrar, y se convierten, con el tiempo, en esa parte que nos habla al oído y que nos dice cómo actuar, dónde nos hemos equivocado y que tiene un interés auténtico en que el sitio sea cada vez mejor, porque aunque ellos no escriban las entradas del blog, tienen un papel importantísimo en este y muchas veces han llamado mi atención cuando la miopía me impide ver que voy por el camino erróneo.

Capitalizar los éxitos

por Andrés Borbón.    February 1, 2010

Escribir un blog es un esfuerzo que, muy de vez en cuando, rinde frutos. Esos éxitos, que se cosechan tras un trabajo arduo, cuidadoso y que, muchas veces, requiere la paciencia de un monje budista, pueden tener repercusiones obvias, pero también puede suceder que no sea así.

Hay bloggers que triunfan, pero que no se dan cuenta de ello. Es como el que tiene el plato de comida enfrente y le grita y ofende al mesero porque no le han llevado lo que ordenó.

Están ciegos. No son capaces de ver.

Lo mismo le puede suceder a un blogger, pero es raro que las cosas sean tan benignas como las pinto aquí, ya que estamos hablando de algo mucho más importante que un plato de sopa. Se trata de un esfuerzo que demanda del blogger muchos sacrificios, muchas privaciones y, ¿por qué no decirlo? una enorme dosis de soledad. Para la mayor parte de la gente, un blogger es un chiflado que se encierra a escribir cosas sin sentido y que mientras no es famoso pertenece a esa ralea de individuos que han enloquecido temporalmente.

Pero cuando el blogger consigue reconocimiento, dinero o ambas cosas, deja de ser un loco y se transforma en alguien… en un “no-cero”, en un “no-inexistente” y en un “no-solitario”.

Esto, que puede parecer francamente maravilloso, es el equivalente a la muerte del blogger si es incapaz de capitalizarlo, de administrarlo, de sacarle provecho o, cuando menos, de dirigirlo hacia un terreno fértil, porque lo que ha obtenido no es el triunfo, sino la semilla del mismo, que deberá cultivar hasta que esta germine y se transforme en aquello que ha estado esperando con tanto ahínco.

Evidentemente, lo que sucede de aquí en adelante es terreno que solo unos pocos pueden reconocer, del que unos cuantos pueden hablar y que pertenece a una zona casi mitológica del blogging: El éxito final.