Capitalizar los éxitos
Escribir un blog es un esfuerzo que, muy de vez en cuando, rinde frutos. Esos éxitos, que se cosechan tras un trabajo arduo, cuidadoso y que, muchas veces, requiere la paciencia de un monje budista, pueden tener repercusiones obvias, pero también puede suceder que no sea así.
Hay bloggers que triunfan, pero que no se dan cuenta de ello. Es como el que tiene el plato de comida enfrente y le grita y ofende al mesero porque no le han llevado lo que ordenó.
Están ciegos. No son capaces de ver.
Lo mismo le puede suceder a un blogger, pero es raro que las cosas sean tan benignas como las pinto aquí, ya que estamos hablando de algo mucho más importante que un plato de sopa. Se trata de un esfuerzo que demanda del blogger muchos sacrificios, muchas privaciones y, ¿por qué no decirlo? una enorme dosis de soledad. Para la mayor parte de la gente, un blogger es un chiflado que se encierra a escribir cosas sin sentido y que mientras no es famoso pertenece a esa ralea de individuos que han enloquecido temporalmente.
Pero cuando el blogger consigue reconocimiento, dinero o ambas cosas, deja de ser un loco y se transforma en alguien… en un “no-cero”, en un “no-inexistente” y en un “no-solitario”.
Esto, que puede parecer francamente maravilloso, es el equivalente a la muerte del blogger si es incapaz de capitalizarlo, de administrarlo, de sacarle provecho o, cuando menos, de dirigirlo hacia un terreno fértil, porque lo que ha obtenido no es el triunfo, sino la semilla del mismo, que deberá cultivar hasta que esta germine y se transforme en aquello que ha estado esperando con tanto ahínco.
Evidentemente, lo que sucede de aquí en adelante es terreno que solo unos pocos pueden reconocer, del que unos cuantos pueden hablar y que pertenece a una zona casi mitológica del blogging: El éxito final.