¿Escuchar o no escuchar?

por Andrés Borbón.    February 3, 2010

No voy a entrar en detalles porque se trata de un asunto complicado, pero recientemente tuve ciertos problemas con uno de mis blogs, donde la demanda por parte de los lectores me ha hecho tener que suprimir algunas de las características del blog en aras de mejorar el rendimiento del servidor, y las respuestas a dichos cambios no se han hecho esperar.

La mayor parte de los comentaristas, lectores fieles, constantes, amables y siempre dispuestos a ayudar, mencionaron que extrañan esas características, lo cual indica que no están conformes con los cambios. Ellos, sin embargo, mencionan que seguirán el blog aún en su forma actual (acotada).

Pero ha quedado clara una cosa: No están de acuerdo con las modificaciones.

Se han cumplido ya 24 horas de dichos cambios y, lejos de haber disminuido las visitas, estas han aumentado, e imagino que esto se debe a que el servidor es ahora capaz de responder mejor a los picos en las visitas, además de que el blog, en términos generales, es más veloz.

Pero… mis lectores más fieles no están contentos. Mis comentaristas son, como se diría coloquialmente, la cereza en el pastel del blog, la parte más brillante en el firmamento que rodea mi sitio. Son las personas que siempre están ahí cuando las necesito, que siempre responden al llamado, que se muestran, que tienen el valor de expresar su opinión y de contradecirme cuando piensan que estoy equivocado. Son, de alguna forma, la conciencia de mi sitio, una especie de alter-ego blogueril, de interlocutor constante, de compañía permanente.

¿Qué hacer? Evidentemente, escucharlos y complacerlos en la medida de lo posible. ¿Por qué? Porque interlocutores como ellos no son fáciles de encontrar, y se convierten, con el tiempo, en esa parte que nos habla al oído y que nos dice cómo actuar, dónde nos hemos equivocado y que tiene un interés auténtico en que el sitio sea cada vez mejor, porque aunque ellos no escriban las entradas del blog, tienen un papel importantísimo en este y muchas veces han llamado mi atención cuando la miopía me impide ver que voy por el camino erróneo.