Perdiendo el impulso inicial

por Andrés Borbón.    June 29, 2010

Todo blog pasa por diferentes etapas, pero una de las más importantes (y por lo tanto crucial) es cuando el blogger pierde el impulso inicial, cuando el espíritu que lo llevó a crear el blog se ha esfumado y cuando las cosas parecen descomponerse como esas películas donde las figuras de cera son sometidas a demasiado calor y empiezan a derretirse grotescamente.

Ese momento es el fin y el principio del blog, el momento clave en la existencia de una bitácora, cuando el blogger debe replantearse lo que ha estado haciendo y el rumbo que han de tomar las cosas de ahí en adelante. Es un paso que debería llenarnos de emoción, de entusiasmo, pero por experiencia sé que lo que en realidad se experimenta es una angustia terrible, una soledad enorme y la sensación de que todo se nos está yendo de las manos, que el futuro se va por el tubo del desagüe y que estamos perdiendo cosas que son irrecuperables.

A esto le sigue una etapa de estupefacción, de perplejidad, pero normalmente el blogger (el buen blogger) se da cuenta que por fin es libre, que ya no tiene que escribir de lo mismo, que ha llegado el momento en que puede ser realmente él y que no hay nada ni nadie en el mundo que sea capaz de manejarlo, de controlarlo, o de obligarle a abordar ciertos tema.

Es aquí cuando muchos blogs sufren transformaciones radicales, cuando el blogger serio se suelta el pelo, el escurridizo se muestra ante sus lectores y cuando entendemos que lo maravilloso de un blog es precisamente la libertad, pero que a veces es difícil saber qué hacer con ella.

Mi consejo es dejarse ir, elegir un tema que nos sea atractivo y, simplemente, poner una palabra tras otra como si aquello no fuera a publicarse jamás. Y cuando el artículo esté terminado y le hayamos dado los últimos toques, podremos vernos a nosotros mismos tal y como si la página que acabamos de teclear fuese un espejo.

Sigue el camino amarillo

por Andrés Borbón.    June 24, 2010

Todos (o casi todos) hemos escuchado esta famosa frase de la también famosa película El Mago de Oz. Pero hay un pequeño problema aquí: Para seguir el camino amarillo es preciso hallarlo primero. Tal vez se encuentre justo frente a nosotros, o tal vez esté a años luz de distancia y nadie puede indicarnos en qué dirección hemos de andar para topárnoslo. Es más: Ni siquiera está pintado de amarillo y puede que ni siquiera tenga forma de sendero.

Pero cuando una persona lo encuentra y se da cuenta de ello, ha conseguido lo que muchos no logran en su vida: Visualizar el rumbo que han de seguir, el destino que los espera, que los llevará a cumplir uno o varios de sus sueños. Para algunos se tratará de una profesión, de un oficio o de una persona que los hará felices. Para otros será una forma de actuar en la vida y para la mayoría adoptará la forma de una convicción, de una certeza, de una manera especial de ver los acontecimientos que les depare el futuro.

El mayor riesgo de todos es la creencia de haberlo descubierto y que esto sea falso. Es como el detective que sigue una pista equivocada durante años y que no lo lleva a ninguna parte. Dedicar la vida a algo imposible es una tragedia. No porque sea imposible, sino porque dentro de todas las cosas que jamás lograremos, hay solo unas pocas que nos están destinadas y que nos harán felices.

Así pues, nuestro camino amarillo puede no llevarnos a ninguna parte, pero seremos afortunados si lo seguimos porque, como se sabe, lo importante en la vida es el camino que elegimos, no el destino, y la más importante de nuestras tareas es reconocer el rumbo que han de seguir nuestros pasos.

¿El blog cuesta arriba o cuesta abajo?

por Andrés Borbón.    June 22, 2010

Hoy me he estado devanando los sesos tratando de descubrir si el camino de un blog es cuesta arriba, cuesta abajo o plano, y he llegado a la conclusión de que esto depende del blogger.

¿Por qué es esto importante? Bueno, por la simple y sencilla razón de que la visión que tengamos del asunto determina nuestro comportamiento como bloggers.

Si en nuestra mente el blog es un camino cuesta arriba, entonces es natural que nunca dejemos de esforzarnos, de empujar, de luchar para llegar a la cima (en el caso de que tal cosa exista, e imagino que no es así).

En cambio, si pensamos que el blog es un terreno plano, trabajaremos sabiendo que el impulso que logremos nos mantendrá en movimiento durante una buena cantidad de tiempo y podremos relajarnos, sabiendo que no perderemos impulso tan fácilmente.

Pero si pensamos que el blog es cuesta abajo… ¡Entonces todo es genial! Bastan unos cuantos artículos, algunos comentarios que pongan en movimiento el mundo en torno a nosotros y a disfrutar, que aún sin esforzarnos en lo más mínimo seguiremos adquiriendo velocidad y cada vez iremos más deprisa.

Evidentemente, esto depende mucho del tipo de personas que seamos nosotros, pues los blogs, en realidad, son una combinación de las tres cosas, como cualquier camino, como cualquier trayectoria en el mundo real… pero lo importante es lo que exista en nuestra mente, la visión que tengamos de las cosas, el modo en que solamos afrontar los retos que se nos presentan en la vida.

También depende mucho de los deseos que tengamos de triunfar, de hacer que nuestro blog se haga conocido, famoso o que nos empiece a generar ganancias económicas.

Por lo general, no importa cuál de las tres visiones queramos adoptar: Tenemos una y esta forma parte de nuestra forma de ser, de nuestra psicología personal. A lo largo de los años, he conocido bloggers de todos los tipos, y quienes mejor funcionan son aquellos que piensan que el blog es un terreno plano. Los otros dos tipos de bloggers se frustran demasiado rápido (se queman, tratando de conseguir el éxito en microsegundos) o son holgazanes incorregibles, y algunos de ellos bastante talentosos por cierto.

Como siempre, el mejor camino es el de la moderación: Luchar cuando haya que hacerlo pero saber cuándo necesitamos tomar un respiro para no asfixiarnos y para poder disfrutar de los logros.

El blog que habita en nuestra mente

por Andrés Borbón.    June 18, 2010

¿Qué imagen tenía Van Gogh en la mente cuando pintó Los Girasoles? ¿Cómo era El Pensador antes de que lo esculpiera Rodin?

Llevar a cabo una tarea, por simple que esta parezca, requiere un paso indispensable: Transformar una idea en algo tangible. Un texto, ya sea parte de una novela, un cuento, un artículo periodístico o la entrada de un blog, necesita ser inicialmente un concepto y después convertirse en algo real, una cadena de palabras que transmitan una idea.

Hay individuos altamente dotados que realizan esta actividad sin darse cuenta y escriben maravillas con solo ponerse a mover los dedos sobre el teclado, pero para la mayor parte de los mortales el proceso es más penoso: Hay que imaginar algo y luego transcribirlo, procurando que el producto y el proyecto se parezcan lo más posible.

La lógica nos dice que ningún texto puede ser superior a la idea de la que surgió, pero sucede a veces que el acto mismo de escribir desata fuerzas que desconocíamos, generándose un producto mejor que el que habíamos construido en nuestra mente, en nuestra imaginación o en nuestra fantasía. Esto se llama inspiración, y es tan rara que resulta un factor despreciable cuando se trata de crear algo.

Lo más común es que el blog que habita en nuestra mente y el blog que realmente escribimos sean muy distintos, y que el real sea inferior a aquél que hemos imaginado, o con el que soñamos, o al que aspiramos.

¿Cómo salvar esta brecha? Con trabajo duro y constante. Con práctica. La pericia se adquiere ensayando una y otra vez, atentos siempre a los errores, a las inconsistencias, a las distancias entre el plan y la realidad. Y un blogger que no es consciente de esto siempre será uno mediocre, tedioso, poco imaginativo y que jamás conseguirá un público fiel.

Cuando las cosas se vuelven demasiado complicadas

por Andrés Borbón.    June 9, 2010

Todos los que tenemos o hemos tenido un blog nos hemos enfrentado a ese momento en que las cosas están demasiado revueltas, en que parece que hemos perdido el ritmo y en que la mejor solución parece la huida. Es una circunstancia cómica pero que en el momento se experimenta con bastante angustia, con desazón, con desesperanza. No se trata de algo raro, ni anormal. Estamos programados para mantener el control de lo que nos rodea y cuando no lo conseguimos aparece esa sensación de indefensión tan incómoda, tan dolorosa, tan costosa en términos afectivos.

Hablo, por supuesto de mi propia experiencia. Caminar a oscuras en un terreno desconocido es algo espantoso, sobre todo si no contamos ni siquiera con una vela o algún punto de referencia que nos ayude a guiar nuestros pasos, pero con el tiempo esto se vuelve algo cotidiano, algo normal, algo a lo que nos acostumbramos y que, con el tiempo, deja de producir la angustia que provocaba inicialmente.

El problema más grave aparece cuando intentamos hacer algo original y en un terreno que no ha sido explorado antes. Jalar el hilo de la creatividad todos los días es algo que puede ser bastante incómodo, ya que siempre tenemos la sensación de estar fallando, de corromper la intención inicial y de habernos convertido en un surtidero de lugares comunes y de frases hechas.

Lo que debemos hacer en estos casos es agachar la cabeza y embestir con todas nuestras fuerzas, derribando la temibles (pero débiles) barreras de la duda y la inseguridad. Nos dolerá un poco, correrán algunas gotas (metafóricas) de sangre pero tendremos que tolerar este enfrentamiento si no queremos quedarnos atascados de por vida. Lo más sencillo, como siempre, es no hacer nada: Echarnos hacia atrás y no movernos de nuestra zona de confort, donde todo está resuelto de antemano.

¿Es tu caso? ¡Bienvenido al club!

Cambiar de parecer

por Andrés Borbón.    June 7, 2010

Modificar nuestra forma de pensar es tan humano que si no lo hiciéramos todo el tiempo, es probable que falláramos (y por mucho) el test de Turing el cual, por si aún no se han enterado, sirve para diferenciar entre una máquina con inteligencia artificial y un verdadero humano.

En fin, que la mutabilidad del espíritu humano, lo caprichoso de nuestro carácter y las gigantescas variaciones en el abanico de nuestros estados de ánimo son, cuando menos, una de las marcas de fábrica que Dios, la genética, la evolución (o como quieran llamarle) ha dejado en nosotros. Claro, todo esto debe darse en los ámbitos de la cordura, de la razón y de la lógica, pero tampoco es un pecado cometer una pequeña locura de vez en cuando, que para eso tenemos libertad, y no hay necesidad alguna de hacernos los mártires negando la verdadera naturaleza de nuestros deseos.

Muchas veces he dicho que la libertad que disfrutamos al escribir en un blog cualquier cosa que se nos venga a la mente es una de las ventajas más grandes de esta actividad, y sin cambios de parecer, sin variación en el itinerario pues esto termina convirtiéndose en una imitación de la vida real, que aunque no tiene nada de malo también es cierto que posee la habilidad de exasperarnos con su rigidez, con su falta de colorido, de sorpresas, de esas variaciones que tanto disfrutamos y que constituyen la sal de la vida, el granito de sal que a veces le es indispensable a la existencia para adquirir sabor, para convertirse, al menos un poco, en lo que dictan nuestros sueños, nuestra fantasía, el día a día de ese voluble músculo que es la imaginación y que es el lugar de donde se alimenta cualquier obra donde la creación juegue un papel importante.

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