Cuando las cosas se vuelven demasiado complicadas
Todos los que tenemos o hemos tenido un blog nos hemos enfrentado a ese momento en que las cosas están demasiado revueltas, en que parece que hemos perdido el ritmo y en que la mejor solución parece la huida. Es una circunstancia cómica pero que en el momento se experimenta con bastante angustia, con desazón, con desesperanza. No se trata de algo raro, ni anormal. Estamos programados para mantener el control de lo que nos rodea y cuando no lo conseguimos aparece esa sensación de indefensión tan incómoda, tan dolorosa, tan costosa en términos afectivos.
Hablo, por supuesto de mi propia experiencia. Caminar a oscuras en un terreno desconocido es algo espantoso, sobre todo si no contamos ni siquiera con una vela o algún punto de referencia que nos ayude a guiar nuestros pasos, pero con el tiempo esto se vuelve algo cotidiano, algo normal, algo a lo que nos acostumbramos y que, con el tiempo, deja de producir la angustia que provocaba inicialmente.
El problema más grave aparece cuando intentamos hacer algo original y en un terreno que no ha sido explorado antes. Jalar el hilo de la creatividad todos los días es algo que puede ser bastante incómodo, ya que siempre tenemos la sensación de estar fallando, de corromper la intención inicial y de habernos convertido en un surtidero de lugares comunes y de frases hechas.
Lo que debemos hacer en estos casos es agachar la cabeza y embestir con todas nuestras fuerzas, derribando la temibles (pero débiles) barreras de la duda y la inseguridad. Nos dolerá un poco, correrán algunas gotas (metafóricas) de sangre pero tendremos que tolerar este enfrentamiento si no queremos quedarnos atascados de por vida. Lo más sencillo, como siempre, es no hacer nada: Echarnos hacia atrás y no movernos de nuestra zona de confort, donde todo está resuelto de antemano.
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