El blog que habita en nuestra mente

por Andrés Borbón.    June 18, 2010

¿Qué imagen tenía Van Gogh en la mente cuando pintó Los Girasoles? ¿Cómo era El Pensador antes de que lo esculpiera Rodin?

Llevar a cabo una tarea, por simple que esta parezca, requiere un paso indispensable: Transformar una idea en algo tangible. Un texto, ya sea parte de una novela, un cuento, un artículo periodístico o la entrada de un blog, necesita ser inicialmente un concepto y después convertirse en algo real, una cadena de palabras que transmitan una idea.

Hay individuos altamente dotados que realizan esta actividad sin darse cuenta y escriben maravillas con solo ponerse a mover los dedos sobre el teclado, pero para la mayor parte de los mortales el proceso es más penoso: Hay que imaginar algo y luego transcribirlo, procurando que el producto y el proyecto se parezcan lo más posible.

La lógica nos dice que ningún texto puede ser superior a la idea de la que surgió, pero sucede a veces que el acto mismo de escribir desata fuerzas que desconocíamos, generándose un producto mejor que el que habíamos construido en nuestra mente, en nuestra imaginación o en nuestra fantasía. Esto se llama inspiración, y es tan rara que resulta un factor despreciable cuando se trata de crear algo.

Lo más común es que el blog que habita en nuestra mente y el blog que realmente escribimos sean muy distintos, y que el real sea inferior a aquél que hemos imaginado, o con el que soñamos, o al que aspiramos.

¿Cómo salvar esta brecha? Con trabajo duro y constante. Con práctica. La pericia se adquiere ensayando una y otra vez, atentos siempre a los errores, a las inconsistencias, a las distancias entre el plan y la realidad. Y un blogger que no es consciente de esto siempre será uno mediocre, tedioso, poco imaginativo y que jamás conseguirá un público fiel.