El blogger pragmático

por Andrés Borbón.    July 29, 2010

Un blogger pragmático es como un vendedor idealista: El asunto puede funcionar, pero resulta una mezcla algo compleja.

Para ser un buen vendedor de autos hay que carecer de ética, o acallarla un poco. Si eres un buen vendedor, conocerás los defectos de tu producto, pero no debes mencionarlos o el cliente nunca comprará el auto. Por el contrario: Debes exaltar las virtudes de tu producto e inventar alguna, de preferencia evitando que el cliente detecte la mentira.

Un blogger vendedor hace lo mismo: Es pragmático porque desea obtener dinero y esa es su prioridad. No acepta que la recompensa económica sea un efecto secundario de sus esfuerzos. Antepone las ganancias a la calidad, y hurta contenidos o, en algunos casos, se vende a sí mismo. Crea una imagen que los demás estén ávidos de consumir.

Los verdaderos bloggers pueden llegar a ser aún más exitosos económicamente que los bloggers vendedores, simple y sencillamente porque seguirían escribiendo aún cuando no recibiesen ningún dinero, y se apasionan por lo que hacen, les entusiasma hallar información interesante y buscan tiempo para dedicárselo al blog. Además, se esfuerzan constantemente por mejorar, no porque deseen crear un mejor producto para el consumo de los demás, sino para ellos mismos. Son curiosos, intempestivos y, muchas veces, descuidados, pero terminan triunfando porque la motivación que tienen por escribir los lleva más allá de cualquier obstáculo.

Muchos de los grandes bloggers de la actualidad comenzaron a escribir cuando la idea de obtener dinero de un blog era impensable. Por amor al oficio, por compromiso con lo lectores, por auténtica convicción de que estaban en el camino correcto. El dinero vino después, pero esto no modificó el núcleo de su actividad creadora, de su afán por comunicar.

Por desgracia, el mundo de los blogs está lleno de bloggers pragmáticos, pero son un mal necesario pues su afán por el dinero los hace descubrir fórmulas que los demás pueden usar sin dedicar su vida a ello.

Get Things Done

por Andrés Borbón.    July 27, 2010

Siempre he pensado que una de las cosas más fáciles de perder es el tiempo. Se nos escurre entre los dedos como si fuera agua, aunque la imagen del mercurio líquido, tan escurridizo, me gusta mucho más. Si he de ser sincero, no soy una autoridad cuando se trata de hablar del famoso GTD (Get Things Done o Dejar las cosas hechas). Siempre tengo una lista enorme de pequeñas (y de grandes) cosas por hacer, y no siempre lo consigo. Más bien: Raramente lo consigo.

Lo que sí puedo decir a mi favor es que he intentado todos y cada uno de los métodos que se me han ocurrido, que recomiendan los sitios y las personas especializadas en esto, que creo listas, uso calendarios, uso un diario bastante detallado y programo con el mayor cuidado las cosas que debo hacer cada día, cada semana, casi cada hora… pero tengo una tendencia difícil de modificar: Me cargo de deberes y al final resulta que no puedo con todos ellos, que me doblo ante la carga y que termino sin prestar atención a lo realmente relevante, a aquello que tal vez debería dejar para después, o eliminarlo definitivamente de mi lista.

El problema de todo esto es que, como algunos, soy un acaparador, una especie de obsesivo que no puede dejar las cosas ir, que me cuesta un trabajo enorme rendirme, admitir que no puedo hacerlo todo, que hay tareas que están más allá de mis capacidades o más allá del tiempo que tengo disponible.

Y es ahí precisamente donde radica el núcleo de la eficacia, de la eficiencia: Evaluar con objetividad los objetivos y las capacidades y entender de qué somos capaces y de qué no, y reducir la lista de tareas pendientes hasta que sea nuevamente compatible con la vida.

Una tarea realmente difícil.

Un blog personal

por Andrés Borbón.    July 22, 2010

Siempre me ha provocado cierto conflicto filtrar información privada en mis blogs. Es una lucha constante ya que entiendo que es difícil mantenerse completamente al margen, decir las cosas desapasionadamente y no expresar la propia opinión. Lo he intentado muchas veces y siempre he fracasado (estruendosamente). Cada vez que intento no inmiscuir mis puntos de vista personales en lo que escribo, el blog comienza a parecerme algo tedioso, aburrido, poco atractivo.

Pero una vez que retomo el tono personal, comienzo a divertirme en serio y lo difícil es no decir más de lo que pienso, ya que inevitablemente se filtrarán detalles sobre mí que prefiero mantener fuera del blog.

¿Cómo hallar el equilibrio?

No se puede. Es como caminar sobre la cuerda floja por primera vez, sin red de seguridad, a 300 metros de altura y sin una barra para equilibrarnos, con un viento de 30 kilómetros por hora. Caeremos, eso es seguro. Tal vez por eso mucha gente termina escribiendo su autobiografía, aunque a nadie le interese. Y un blog, por su propia naturaleza, es el sitio idóneo para hacerlo, pero me resisto. No me gusta la idea de mezclar mi vida privada con lo que publico, pero tampoco puedo dejarla completamente fuera, porque dejaría de ser yo.

La mejor aproximación a una solución es crearme ciertos temas tabú. Hablar de todo, excepto de ciertas cosas. Decir lo que opino con franqueza pero encender luces rojas por todos lados cuando el tema derive hacia algunos temas.

Algunos pensarán que es tonto tener un diario online y no hablar de todo lo que me pasa, o todo lo que pienso, pero la respuesta a todo esto se llama pudor. Aún conservo algo de esto y no sé si se trate de algo bueno o malo, pero ahí está. Probablemente algún día desaparecerá, pero no hoy.

Fluir

por Andrés Borbón.    July 20, 2010

Todos aquellos que, de alguna manera, defienden la doctrina Zen o algunas filosofías derivadas y que pueden aplicarse a la vida diaria, concuerdan en que el esfuerzo excesivo es inútil, un gasto de energía que, la mayor parte de las veces no nos ayuda a conseguir nuestros objetivos, sino que, por el contrario, nos agota e impide que llevemos a cabo las tareas más simples.

No soy un gran partidario (ni un gran practicante) de este tipo de disciplinas y suelo cometer todos los errores de esta forma de pensamiento. No soy paciente, tampoco organizado y mucho menos soy alguien que se deje llevar fácilmente por el flujo de la vida. Todo lo contrario: En mi naturaleza está nadar contra la corriente, volver caótico lo ordinario y ser indisciplinado, aunque hago grandes esfuerzos para modificar esto, de verdad. Sin embargo, casi nunca lo consigo.

Fluir con la vida es algo que me gustaría poder hacer. En lugar de ello, parezco salmón y me opongo al rumbo que debería seguir. Quienes consiguen esto, se dejan llevar por la corriente que los impulsa, y la usan como un velero aprovecha el viento para avanzar sobre las olas, apenas haciendo algún esfuerzo. Esto es algo que me gustaría aprender a hacer: Que mi forma de trabajar fuese coherente con mi forma de vida, que producir algo no significara un esfuerzo tan grande, y acometer las tareas en vez de pensar en ellas sin descanso. Hacer, dicen algunos, es preferible a pensar. Haciendo pensamos mejor. Hacer genera pensamiento. Pero la mayoría hacemos las cosas al revés: Pensamos y luego hacemos, y cuando estamos llevando a cabo la acción viene un pensamiento que se opone a nuestra intención inicial y entonces todo queda hecho un embrollo.

Creo que la mayor parte de los que tenemos cerebros occidentales sufrimos un mal parecido, un conflicto semejante, pero nunca es tarde para cambiar.

Contradicciones

por Andrés Borbón.    July 15, 2010

El mundo, más que estar constituido de certezas, está fabricado de contradicciones, de piezas que no encajan o que parecen corresponder a un puzzle distinto, a un rompecabezas que no tenemos a la vista. Lo que parece ser cierto ahora, resulta falso en un periodo de tiempo tan breve que apenas tenemos tiempo de adaptarnos, de sacar alguna conclusión parcial y de expresarla.

Este mar de incertidumbre nos toma por sorpresa con demasiada frecuencia. Más de la que debería ser y mucho me temo que la mayor parte de nosotros nos dejamos engañar. Esto puede ser terriblemente frustrante para alguien que se dedica a comunicar, sobre todo por la aparente necesidad que sentimos de expresar certezas a nuestros lectores o a nuestra audiencia.

Pero hay una buena noticia: Nuestro verdadero papel no es poner sobre la mesa algunas certezas, sino las contradicciones, pero expresadas con la mayor claridad posible. A los lectores inteligentes les gusta más resolver crucigramas que verlos ya completados, ¿no es así? Habrá algunos a quienes les guste la información ya digerida y que no requiera esfuerzo mental alguno, pero en mi experiencia es una audiencia a la que no aspiramos, o que forma parte del inevitable flujo de visitantes… pero el objetivo principal suele ser uno más reducido pero más valioso: Los lectores que piensan.

Contra lo que podamos creer, este subgrupo del público no es tan escaso. Abundan los individuos que se acercan a nuestros sitios y que (no exagero) nos podrían dar una cátedra de cómo se escribe un buen post, además de que muchos poseen conocimientos especializados sobre algunos temas que están más allá de nuestros conocimientos o del trabajo de investigación que hemos hecho para construir la entrada.

Así pues, cuando el tema que estamos abordando parezca un queso gruyere por la cantidad de huecos que vemos en él y las contradicciones que encierra, abordémoslo sin miedo, que a muchos lectores les parecerá de lo más interesante.

Calificaciones

por Andrés Borbón.    July 13, 2010

¿Quién determina cuánto vale tu trabajo? ¿Tú? ¿Tus lectores? ¿Tus comentaristas? ¿Los otros bloggers? ¿Los agregadores de noticias? ¿Technorati? ¿Google? ¿Alexa?

La mayor parte de nosotros nos sentimos tentados (fuertemente tentados) a querer que todas estas opiniones confluyan en un gran SÍ.

Recientemente, coloqué en Tecnoculto una frase de Cosby, el actor, quien decía que no conocía la fórmula para el éxito, pero que la manera segura de fracasar era querer complacer a todo el mundo, y creo que viene muy a cuento cuando nos hallamos sumidos en el remolino de la autocomplacencia – heterocomplacencia.

Todo dependerá, evidentemente, de los objetivos que tengamos en mente. Si intentamos complacer a todo el mundo, agradar a un público cada vez más amplio y heterogéneo, vamos en un camino que no podrá llevarnos a otro sitio que a la desesperación, al caos, a la disolución de nuestra personalidad.

Cuando alguien me pregunta qué debe escribir en su blog, siempre le respondo que escriba sobre lo que más le interese. No importa si, en un análisis autocrítico, resulta ser algo insustancial, o una bobada. La magia de los blogs es que nos permite ser nosotros mismos por completo, y colgar desde un video de gatitos hasta un sesudo estudio en el que hemos invertido largas horas de investigación.

Ser auténtico es la cosa más difícil del mundo, un terreno resbaloso como pocos y que nos coloca en una posición de vulnerabilidad enorme. Sólo los más fuertes pueden tolerar la crítica propia y la extraña sobre lo que hacen, o sobre lo que escriben, sobre la imperiosa necesidad de satisfacer a un público que con el tiempo se va haciendo más numeroso, lo queramos o no.

Yo siempre me doy libertades. No tantas como quisiera, pero a la hora de escribir soy bastante bueno conmigo mismo. Me gusta sentirme cómodo con lo que hago, pero definitivamente la opinión que más valoro es la mía.

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