Aug 29

loupe

Hace poco leí un libro divertidísimo llamado Las Aventuras de Eddy Tenis Boy, de Eduardo Villegas (Editorial Nueva Imagen). Debo confesar que nunca había leído nada de este autor, pero ha sido una grata sorpresa hallarlo. El libro es una curiosa mezcla de la inverosimilitud más flagrante con el realismo más crudo. Eddy Tenis Boy es un detective privado adolescente que recibió su instrucción por correspondencia y que vive en Ciudad Nezahualcóyotl, un barrio popular de la Ciudad de México. Vive en un cuarto de azotea y se dedica a resolver desde los casos más triviales (el robo de un tanque de gas) hasta el desenmascaramiento de un asesino serial en Acapulco. Resuelve los casos más por obra de la casualidad que por méritos propios, pero ello no importa, pues a fin de cuentas este flamante y atípico detective ejerce su profesión más como un deporte que para ganar algún dinero.

Evidentemente, el propósito de Villegas no es dibujar un detective al estilo de Perry Mason, Ellery Queen o Maigret. Su objetivo es retratar a un adolescente de un barrio marginado y usar la trama policiaca como apoyo. Y lo consigue de manera absolutamente efectiva. Es una parodia de la novela negra, con mucho humor y un toque de originalidad que le estaba haciendo falta a la novela de detectives, lejos de las tediosas historias que vemos por todas partes: Pandilleros, narcos, policías corruptos o, en el peor de los casos, libros donde lo detectivesco es sólo el pretexto de moda para poder llamar "negra" a la obra, lo cual parece dar cierto prestigio últimamente.

Villegas crea con Eddy Tenis Boy una obra inteligente, mordaz y plenamente disfrutable, en el estilo de la mejor literatura policiaca.

© Andrés Borbón 2007

written by admin

Aug 14

Los Asesinos Seriales están de moda, no hay la menor duda. Se habla de ellos en todas partes, hasta en los talk shows. No es que sean un fenómeno nuevo, pero últimamente han hecho su aparición en el imaginario popular de modo arrollador. Es un fenómeno mundial y, por supuesto, se han insertado en la literatura con gran fuerza y éxito, aunque con poco tino. Por desgracia, la mayor parte de los retratos de este tipo de criminales son, en realidad, caricaturas. La psicología de estos personajes literarios está llena de omisiones, de errores y de exageraciones. Se les pinta como superhéroes o como retrasados mentales, y no son ninguna de las dos cosas. Se les califica de monstruos, y tal vez lo sean, pero al mismo tiempo se les niega la calidad de enfermos, y es probable que también lo sean. No existe “cura” para su condición, ni entran dentro de las clasificaciones de enfermedades mentales, aunque algunos estudiosos han propuesto incluírla en los tratados que abordan estos temas. Son delincuentes y, por lo tanto, la sociedad necesita ser protegida de ellos, pero se les debe permitir transitar libremente en las obras literarias. Son los demonios modernos. Para una sociedad que no cree en el infierno ni en el cielo, en las hadas ni en los ángeles, los Asesinos Seriales cumplen una función bien definida: Provocar terror, demostrar que el mal tiene numerosas formas y que, si no abrimos bien los ojos, el monstruo estará esperándonos al doblar la esquina, o en medio de la noche, o en la fila del supermercado. Son realidad y son mito al mismo tiempo, aunque la diferencia entre ambos es tan grande que, al parecer, estamos hablando de dos cosas distintas.

© Andrés Borbón 2007

written by admin

Aug 05

simenon.jpg

Uno de los escritores de novela policiaca más sorprendentes de todos los tiempos fue, sin duda, Georges Simenon. Para quien no haya leído nada de él, puede comenzar con una de las más de cien novelas de la serie de Maigret, o con cualquiera de sus obras más “serias” como El Gato, Desconocidos en Casa, Domingo, Carta a mi Juez… Tratándose de Simenon, las recomendaciones son interminables, ya que escribió más de 200 novelas. No, no tecleé un cero de más. Lo pongo con letra: Doscientas Novelas. Y no estoy contando las más de 150 historias cortas que produjo a lo largo de su vida, ni las incontables obras que escribió antes de hacerse famoso y que publicaba con diferentes nombres.

¿Cómo lo hizo?

Simenon tenía un método que para la mayor parte de los mortales resultaría casi suicida: Escribía sus novelas en once días, casi sin dormir, fumando pipa tras pipa y consumiendo ingentes cantidades de café. Antes de iniciar la escritura, usaba una de sus famosas carpetas de papel manila: Un simple sobre donde anotaba las características de sus personajes, sus costumbres, sus peculiaridades. Después, se volcaba en la escritura por nueve días. Tecleaba día y noche, desconectaba los teléfonos, no recibía a nadie. Según sus palabras: “Durante esos días, vivo en la piel del personaje”. Después, dedicaba dos días enteros (¡!) a la revisión de la obra y la enviaba al editor. Si durante esos once días debía interrumpir la escritura por alguna razón, tiraba todo lo escrito y volvía a comenzar.

Tenía por costumbre someterse a una revisión médica antes y después de la proeza, y siguiendo las recomendaciones de su médico, procuraba no repetir la tortura más de tres o cuatro veces por año, pues con cada novela perdía varios kilos de peso, su tensión arterial se elevaba y quedaba absolutamente agotado.

Uno podría pensar que en once días nadie puede producir algo medianamente legible, pero la obra de Simenon se caracteriza por su enorme calidad. Su prosa es cuidada, limpia, sin florituras, absolutamente correcta y sus personajes son ejemplos de complejidad psicológica, de dimensionalidad.

Sus novelas (de las cuales se han vendido casi 600 millones de ejemplares) han sido llevadas al cine, a la radio y a la televisión, pero lo más importante es que la obra de Simenon permanece como un ejemplo de honestidad literaria, de dedicación al oficio y de una vocación ineludible, avasalladora.

© Andrés Borbón 2007

written by admin

Aug 03

hernandezluna.jpg

El escritor mexicano Juan Hernández Luna ha ganado su segundo premio Hammett por la novela “Cadáver de Ciudad”. La noticia, difundida por múltiples medios informativos, fue hallada por quien esto escribe en el sitio Letralia, así que no me acusen de plagio. Mis múltiples ocupaciones me impidieron acudir a la gran fiesta literaria de la Semana Negra de Gijón, donde se reunieron este año cerca de 1 millón de personas. El premio Hammett se otorga cada año durante dicha celebración a la mejor novela policiaca escrita en español, y Hernández Luna lo recibió por primera vez en 1997 por su libro “Tabaco para el Puma“.

No he leído aún Cadáver de Ciudad, así que no puedo dar una opinión al respecto, pero sí leí Tabaco para el Puma y puedo decir que es una excelente novela, ambientada en la ciudad de México y en la de Puebla. En el libro, conviven personajes tan extraños como un escapista, un mesero, un carnicero y algunos mafiosos que parecen sacados de las películas de Orol, pues son realmente malos, con ese melodramático modo de ser malos de las películas mexicanas de los cincuentas. Una novela divertidísima, con capítulos donde se van alternando historias que, al principio, parecen no tener nada qué ver. Muchos lectores se aburrirán al no hallar conexión entre las diferentes líneas, pero otros (los que perseveren), le agarrarán el gusto a la historia. La prosa de Luna no es nada extraordinario en lo formal, pero es terriblemente efectiva. Finalmente, debemos recordar que en la novela policiaca las cuestiones formales se supeditan a la historia. El epílogo de la obra es realmente soporoso. Habla sobre las expropiaciones ilegales en diversas regiones de Puebla y algunos malos manejos de las autoridades mexicanas. Ésa es la única parte mala del libro. El resto es todo un gozo.

Desde aquí, una felicitación a Hernández Luna, y le deseo muchos logros más.

© Andrés Borbón 2007

written by admin