Oct 18

Para conseguir la gracia divina es necesario, opina la mayoría, ser bueno. Por desgracia, en los tiempos que corren ésta no es una tarea sencilla, comenzando porque nadie se pone de acuerdo en las definiciones y lo que algunos Dioses condenan, otros lo perdonan. Así las cosas, habrá que elegir al Dios que mejor se adapte a nuestro estilo de vida.

© Andrés Borbón 2007

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Oct 18

Teñir nuestra piel con otra piel, disfrazar el olor de los poros con otro aroma, desistir de la distancia, del desencuentro, derrumbar los muros de aire que nos separan, invocar el sabor de otra boca, escuchar otras palabras como si vinieran de nosotros mismos, arrepentirnos de los pasos que nos alejan, corromper la distancia, exorcizar la lejanía… son tantas las metáforas que invocan el encuentro que uno termina, inevitablemente, dándose cuenta de lo solos que estamos.

© Andrés Borbón 2007

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Oct 18

La oscuridad es, todos lo sabemos, terreno propicio para los recuerdos, para la desdicha. Cuando se acaba la luz, comienza la memoria. Cuando llega el silencio, los susurros se vuelven estridentes. Cuando nos abandonan los demás, quedamos con nosotros mismos, a solas con el pasado. Por eso el insomnio es tan desolador, tan temido, tan corrosivo. Las noches en vigilia se convierten en recuentos, en catálogos, en cadenas de reproches que enroscan su cuerpo alrededor de nosotros y nos asfixian.

© Andrés Borbón 2007

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Oct 08

Las lágrimas tienen fama de ser el equivalente a la sangre. La sangre del alma, añadirían algunos. El error de ésta comparación se debe no a la ignorancia o a la exageración, sino a las limitaciones del lenguaje, de la palabra. ¿Cómo decir que las lágrimas y el alma son lo mismo? Imposible, ya que las definiciones hechas a base de sinónimos son, en el mejor de los casos, meras referencias, trucos de sabios o de memoristas. Los amantes del diccionario tendrán que conformarse con la entrada insulsa y aséptica que describe a las lágrimas como una función corporal, una secreción de los ojos, un mero líquido triste, agónico e indefinible.

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Oct 01

Sin la piel, el mundo sería incapaz de penetrar en nosotros, perderíamos la posibilidad de conocer el viento, el calor del sol o el tacto de una pluma. Si decidiéramos prescindir de ella, quedaríamos encerrados en nosotros mismos para siempre pues los otros sentidos son, en comparación, simples remedos, burdos imitadores. Ejercer las infinitas posibilidadesde la piel, por otra parte, es una aventura que puede terminar en catástrofe pues ningún ser humano está preparado para el aluvión de sensaciones, para la verdad.

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Sep 19

Enfrentarse a un nuevo atardecer requiere, siempre, un gran despliegue de valor, de coraje. Más que transición, el final del día es el momento mismo de la existencia. Lejos del ajetreo diurno y del sopor de la noche, el atardecer es el punto donde se despliegan los puntos suspensivos de la existencia. En ningún otro lugar del ciclo diario somos tan reales, tan sólidos, tan parecidos a nosotros mismos.

© Andrés Borbón 2007

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Sep 16

El blanco y el negro obtienen su perfección de la dualidad, de la disolución, del doble juego de piezas que, como en el ajedrez, combaten para conquistar posiciones, para resolver la batalla mediante el aniquilamiento del otro. Los otros colores, esos advenedizos, esos hijos impuros de la luz, del prisma, del ojo que los ve, corrompen el esquema primigenio y seducen, mienten, empobrecen. Tras su llegada, nada puede ser igual, pues engañan al espectador con la irresistible belleza de lo prohibido.

© Andrés Borbón 2007

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Sep 13

La lista de cosas que esperamos de la vida es tan larga, tan variada y tan poco original, que fácilmente podríamos intercambiarla unos con otros y no notar la diferencia. Muy pocas se cumplirán, pero eso no es lo importante. Lo que en realidad significa algo es la fuerza con que nos aferramos a la esperanza, la intensidad que ponemos en cada cosa que emprendemos y, por supuesto, el amor con que nuestros ojos recorren esa lista de sueños, de ilusiones.

© Andrés Borbón 2007

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Sep 12

El invierno es el pretexto para el fuego, para la cercanía, para la cordura que antecede a la primavera. El frío y los abrazos van de la mano, pero también las mentiras y la muerte. Cada vez que alguien mira el calendario y observa que los días están contados, sobreviene la necesidad de recordar, de hacer recuento, de arrepentirse. Por fortuna, lo días fríos pasan y damos la bienvenida al olvido, al siguiente ciclo de errores.

© Andrés Borbón 2007

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Sep 11

El llanto, dicen algunos, tiene tanto y tan poco que ver con la tristeza que para conocer la exacta relación entre ambas es indispensable, primero que nada, conocer el motivo de las lágrimas, la identidad del llorante y, de ser posible, la hora del día. Llorar por la mañana es trivial, por la tarde es lastimoso mientras que de noche es el equivalente a invocar a todos los demonios conocidos, a todas las desdichas del mundo, a todas las congojas, al último de lo quebrantos.

© Andrés Borbón 2007

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