Sep 19

Enfrentarse a un nuevo atardecer requiere, siempre, un gran despliegue de valor, de coraje. Más que transición, el final del día es el momento mismo de la existencia. Lejos del ajetreo diurno y del sopor de la noche, el atardecer es el punto donde se despliegan los puntos suspensivos de la existencia. En ningún otro lugar del ciclo diario somos tan reales, tan sólidos, tan parecidos a nosotros mismos.

© Andrés Borbón 2007

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Aug 30

Los atardeceres y el pasado tienen un nexo indisoluble. A diferencia del alba, la puesta del sol nos indica que algo se ha terminado, que valdría la pena recordarlo, dejar que se disuelva en el olvido o comunicárselo a otros. Sin embargo, el ajetreo de la vida moderna provoca que muchos atardeceres se pierdan para siempre, que pasen inadvertidos o que se les vea como una amenaza. Los días de los atardeceres, temo admitirlo, están contados.

© Andrés Borbón 2007

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