Oct 18

Teñir nuestra piel con otra piel, disfrazar el olor de los poros con otro aroma, desistir de la distancia, del desencuentro, derrumbar los muros de aire que nos separan, invocar el sabor de otra boca, escuchar otras palabras como si vinieran de nosotros mismos, arrepentirnos de los pasos que nos alejan, corromper la distancia, exorcizar la lejanía… son tantas las metáforas que invocan el encuentro que uno termina, inevitablemente, dándose cuenta de lo solos que estamos.

© Andrés Borbón 2007

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Sep 06

Guarecernos de los otros, del contacto con los demás, de la proximidad y hasta de la vista de los extraños nos lleva, ineludiblemente, a otro tipo de cercanía, de invasión: La nuestra propia. Desprendernos de la mirada que nos devuelve el espejo, del timbre de nuestra voz, del tacto de la piel que nos encierra es, desde luego, imposible. Por eso es mejor diluirnos en el otro, para escapar por un instante de nosotros mismos, para experimentar efímeramente la lejanía.

© Andrés Borbón 2007

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