Aug 24

El segundo día se parece tanto al anterior y al que sigue, y al último, que no valdría la pena hablar de él si no fuera porque, a fin de cuentas, se trata de un momento distinto en el tiempo, tan particular que podría ser el punto de partida, el inicio, la inauguración de una vida nueva. Así, todo segundo día puede convertirse en el primero y, claro, en el último. A ningún día, como a ningún hombre, le gusta ser el segundo, el tercero o el número cien. Ser el primero o el último tiene cierto prestigio.

© Andrés Borbón 2007

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Aug 10

Es el primer día y eso anula, por lo menos temporalmente, el pasado. Nazco ahora. Cierro los ojos y veo la pared, la pared vacía. Tras un tiempo, es como si ella y yo fuéramos lo mismo: la misma cosa, la misma persona. Intercambiamos lugares, puntos de vista, perspectivas, sueños, pieles. La pared y yo, yo y la pared. Que fría se siente la soledad, que lejano el barullo, que dulce la quietud. Desde aquí lo veo todo: Nos veo. Mi superficie se pule con las miradas, con el paso del tiempo, con las hileras de hormigas, con el sutil roce de las voces, de los días, de los gritos, con la tersa caricia de los rayos lunares.

© Andrés Borbón 2007

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