Aug 28

Los gritos no viven, como los objetos, en el mundo real. Su reino es el de los miedos, el de los recuerdos, el del futuro. La cualidad más aterradora de un grito radica en el destino, en la fantasía, en nuestra capacidad para imaginar lo peor. Un vistazo al futuro basta, a veces, para traer de vuelta todos nuestros temores. Por eso los seres humanos vivimos alejados del porvenir, escondiéndonos de los gritos ajenos y sofocando los propios.

© Andrés Borbón 2007

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Aug 11

Cuando acaba el día, viene el grito. Pero nadie escucha. Para hacerlo, hay que prestar mucha atención, fijar la vista, callar los pensamientos un instante. Eso es lo más difícil: No pensar. Los gatos, esos animales nocturnos e impredecibles, escuchan el silencio mejor que nadie. El grito, dirán ellos, es una pausa en la línea del silencio. Otros lo comparan a una mariposa retratada justo después del alba. La mayoría, sin embargo, opina que el grito es como una pluma posándose en el ojo abierto de un cadáver.

© Andrés Borbón 2007

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