El infierno, dicen algunos, no existe. Tal vez sea cierto, tal vez no. Mientras tanto, hemos de hacer una elección fundamental: Creer o no creer. Si creemos, la vida será una lucha inútil contra el pecado. Si no creemos, todo se reduce a una cuestión de conciencia. Vivir sin creer en el infierno implica, también, la negación del paraíso, del eterno descanso, de la inmortalidad. Parece que la decisión no es fácil. Yo me inclino por creer aunque, por desgracia, la fe no es cuestión de voluntad y aspirar al infierno tiene su truco.
Sep 03