Oct 08

Las lágrimas tienen fama de ser el equivalente a la sangre. La sangre del alma, añadirían algunos. El error de ésta comparación se debe no a la ignorancia o a la exageración, sino a las limitaciones del lenguaje, de la palabra. ¿Cómo decir que las lágrimas y el alma son lo mismo? Imposible, ya que las definiciones hechas a base de sinónimos son, en el mejor de los casos, meras referencias, trucos de sabios o de memoristas. Los amantes del diccionario tendrán que conformarse con la entrada insulsa y aséptica que describe a las lágrimas como una función corporal, una secreción de los ojos, un mero líquido triste, agónico e indefinible.

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Sep 11

El llanto, dicen algunos, tiene tanto y tan poco que ver con la tristeza que para conocer la exacta relación entre ambas es indispensable, primero que nada, conocer el motivo de las lágrimas, la identidad del llorante y, de ser posible, la hora del día. Llorar por la mañana es trivial, por la tarde es lastimoso mientras que de noche es el equivalente a invocar a todos los demonios conocidos, a todas las desdichas del mundo, a todas las congojas, al último de lo quebrantos.

© Andrés Borbón 2007

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