Para comenzar una nueva jornada se requiere, en primer lugar, la memoria. Si desterráramos los recuerdos, viviríamos eternamente el primer día, las primeras horas o el primer momento. Una ventaja del olvido es la posibilidad de cometer el mismo error una y otra vez, de sorprendernos siempre, de hallar maravillas donde el que recuerda no las ve. La ausencia de memoria y la ingenuidad se parecen tanto que a veces olvidamos una sutil diferencia: El ingenuo cree en la belleza de un amanecer, mientras que el otro se sorprende, cree y lo olvida todo.
© Andrés Borbón 2007