Jun 01

En algún lugar leí (o creí leer) que los murciélagos son capaces de escuchar los pasos de los insectos. La mala noticia es que para conseguirlo se necesita, por lo menos, tener un oído tan fino como ellos, y que el omnipresente ruido de la ciudad se apague un poco.

Me pregunto cómo sonarán las cosas en ese mundo. Imagino que también habrá sonidos que se esconden en el mundo microscópico. El desplazamiento de las amibas, los rugidos de los virus, el lento murmullo de las esporas, o de las bacterias, o de cualquier otro ser infinitamente pequeño.

Pero también debe haber música en un mundo aún más improbable: el de las plantas. ¿Cómo sonarán las raíces abriéndose paso entre la tierra? Imagino un campo lleno de flores entonando una canción, un himno, como si fueran un coro gigantesco.

Si vamos más allá, es posible que la música de los átomos sea la última manifestación de este arte. Los electrones producirán, imagino, zumbidos agudísimos al viajar a velocidades cercanas a la de la luz luz alrededor del núcleo, donde se reúnen neutrones y protones y cuyos roces deberán generar algún sonido, algún tipo de música, de sinfonía.

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