La autoridad del blogger
Un blogger sólo puede hacerse de autoridad cuando sucede una de estas dos cosas:
a) Sus entradas son útiles (resuelven dudas, informan, educan o mejoran la vida del lector)
b) Sus entradas son divertidas, entretenidas o están escritas agradablemente (desde el punto de vista del lector)
Y el blogger realmente hábiles aquél que consigue, de alguna manera, conjuntar ambos factores. Eso es algo muy raro y nunca sucede como consecuencia del azar. Es el producto de una labor consciente, de un esfuerzo sostenido, de una búsqueda cotidiana por mejorar.
Y únicamente se consigue autoridad cuando uno de estas dos condiciones (o ambas) se reúnen con una tercera: El tráfico, las visitas abundantes a nuestro sitio web.
Hotlinking
Recientemente, en mi otro blog, he tenido problemas serios con el hotlinking.
¿Qué es el hotlinking?
Bueno, en términos sencillos, si una persona tiene un blog, hay dos formas de colocar una imagen:
1) Copiando la imagen a la computadora y luego subiéndola al propio blog. Este es el procedimiento correcto.
2) Copiando la dirección de la imagen y colocándola en la propia entrada. En este caso, cuando la imagen se muestra en el otro blog, en realidad la está “extrayendo” o “jalando” del servidor original, no del propio. Esto se llama hotlinking.
Mucha gente no se da cuenta que cuando alguien contrata un hosting, se le asigna un ancho de banda (cantidad de datos a transferir) que cuesta dinero. Los sitios con mucho tráfico tienen volúmenes de transferencia que se sitúan en el orden de los cientos o miles de Gigas al mes. Y si hay sitios de mucho tráfico que hacen hotlinking de nuestras imágenes, o muchos sitios haciendo este hotlinking simultáneamente, suceden dos cosas malas: a) Nuestro blog (el blog de origen) se vuelve lento y puede “caerse” y b) Se sobrepasa el límite convenido de ancho de banda lo cual nos genera costos que, en algunos casos, pueden ser de decenas o cientos de dólares.
El hotlinking es poco ético.
Muchas personas no son conscientes de lo que sucede cuando hacen hotlinking pero, en resumidas cuentas, esto significa abusar de los recursos de otra persona, provocándole un perjuicio ya sea en el desempeño de su blog o en lo que debe pagar mensualmente para mantenerlo online.
¿Cómo evitar el hotlinking? Es un asunto muy complicado. Existen algunos plugins para WordPress, como el Hotlink Protection, pero éste hace que las personas que se suscriben a nuestro blog por correo electrónico o mediante feeds rss no puedan ver las imágenes y, en muchos casos, bloquea incluso a Google Images, lo cual hace que nuestras imágenes no estén indexadas por el gigante de las búsquedas.
Otra forma es restringir el acceso a las imágenes mediante modificaciones en el archivo .htaccess, pero esto es peligroso, ya que si cometemos algún error bloquearemos el acceso a algunos sitios de indexado importantes (no solo Google) y con la enorme cantidad de sitios que hacen búsquedas de imágenes, se convierte en un problema mayúsculo mantenerlo al día y se requieren conocimientos técnicos que no todos tenemos.
Yo he optado por una solución más sencilla pero que para algunos podrá parecer poco ética o incómoda: Poner una pequeña leyenda indicando mi sitio web. Así, si alguien hace hotlinking de las imagenes hospedadas en mi blog, al mismo tiempo estará haciéndome publicidad. Es un intercambio que me parece justo, aunque algunas personas, obtusas y desconocedoras de esta situación, puedan pensar que eso significa que me atribuyo la autoría de las imágenes, pero con más de 25,000 imágenes en mi servidor, el hotlinking es un problema grave para mí (y para muchos otros), desde el punto de vista del rendimiento de mi blog y del aspecto económico.
No se trata de la solución ideal, obviamente, pero funciona. Lo adecuado sería que los creadores de contenido fueran conscientes de esta situación y evitaran hacer hotlinking. Sin embargo… esto es imposible.
Mantener una audiencia fiel
La mejor (y la única forma) de mantener una audiencia fiel es comprometernos con el trabajo del blog. Eso lo saben muy bien los medios tradicionales (periódicos, revistas, etc.) y por ello gastan cantidades exorbitantes de dinero para asegurarse que el producto saldrá mes con mes (o diariamente, según sea el caso). Cualquier retraso en la publicación del producto (lo entienden a la perfección) puede tener consecuencias catastróficas.
Obtener algo de atención hacia nuestro blog no es difícil. Sin embargo, debe mantenerse a como dé lugar la frecuencia de publicación. No hay nada peor para un lector que prepararse una buena taza de café, encender el ordenador, dirigirse a su sitio preferido y ver que no se ha publicado nada nuevo, que no hay lectura para ese día.
Es como si estuviésemos acostumbrados a ver el noticiario de las 6 de la tarde y lleváramos meses (o años) viéndolo sin fallar. Un buen día, encendemos el televisor y en lugar del esperado rostro conocido del locutor hay un programa de ventas por televisión. Eso, en muchos casos, es suficiente para que la audiencia se desplome y que el rating tarde semanas o meses en recuperarse (si alguna vez lo hace).
Muchos “puristas” del blogging dirán que esto es mentira, que el lector fiel regresará, que los niveles de audiencia no son tan caprichosos como lo presento aquí, que el blogger debe escribir lo que se le apetezca y en el momento en que lo desee, pero esto contradice radicalmente mi experiencia. Tengo ya varios años escribiendo en diversos blogs y he podido observar este fenómeno más de una vez.
Por eso los grandes blogs publican contenido de forma cotidiana y regular. Difícilmente dejan pasar un día sin sacar al menos un par de notas. A los lectores no les importa si ese día las cosas se nos han complicado y no tuvimos tiempo de escribir. Ellos, como consumidores de un producto, esperan que éste se encuentre disponible cuando lo requieren.
Es importante establecernos metas realistas. Si podemos escribir solo un artículo a la semana, hagámoslo, pero que no haya semana sin que ese artículo vea la luz. Y si es un post diario, deberemos atenernos a esa rutina, llueva truene o relampaguee.
Si, por alguna razón, debemos apartarnos de nuestra rutina habitual, habrá que explicar claramente a nuestros lectores las razones del retraso y tratar de que la situación no se repita. Puede ser pertinente, incluso, una disculpa, pero esto podría ser algo excesivo aunque yo, en lo personal, he llegado a hacerlo.
Bajo ninguna circunstancia debemos olvidar el compromiso que tenemos con quienes nos leen, y tratar de adquirir estos hábitos cuando nuestro blog comienza a tener éxito puede ser un momento tardío. El buen blogger debe forjarse estos hábitos desde el inicio, cuando da sus primeros pasos y todo dependerá, evidentemente, de los planes y expectativas que tenga para su espacio. Si el blog es un mero divertimento, habrá que tenerlo claro desde el principio, pero si el escritor busca influir en los demás, ser escuchado y conseguir autoridad, dinero, prestigio o cualquier otra cosa, será necesario pensarlo desde el principio y establecernos un itinerario acorde a nuestro tiempo, energía y aspiraciones.
Escribir bajo presión
Escribir bajo presión es un concepto casi desconocido en la blogósfera, a menos que el dueño del blog sea enfermizamente obsesivo o que estén involucradas presiones económicas, lo cual sucede con los bloggers profesionales y que tiene la peculiaridad de no afectar a la mayor parte de nosotros, ya que las ganancias que generan los blogs son mínimas.
Pero no solamente trabajamos bajo presión por estas causas. También se escribe de esta forma cuando tenemos grandes aspiraciones en esta actividad. En este caso, el asunto se convierte en una lucha contra las estadísticas. ¿Escribimos 4 entradas diarias y han bajado las visitas? Nos ponemos a escribir 5. ¿No es suficiente? Escribimos 6… y así sucesivamente. Sin embargo, el tráfico no tiene nada que ver con esto y nuestra voluntad no es suficiente para atraer a la gente o para seducir a Google y que envíe hordas de lectores.
Lo único que conseguimos al trabajar bajo presión es “quemarnos” y reducir gradualmente la calidad de lo que producimos.
¿El contenido de los blogs es gratuito?
Cuando surge la pregunta acerca de la gratuidad de los contenidos en los blogs, entramos en una maraña de interpretaciones que puede terminar de varias formas: Con gente que está de acuerdo o con enemistades perpetuas.
La respuesta simple es que sí: Los contenidos en los blogs son gratuitos. Cualquiera con una computadora y una conexión a internet puede acceder a ellos.
Sin embargo, es precisa la computadora y la conexión a internet, ¿cierto? Por lo tanto, alguien ha pagado esos bienes y ese servicio. Y cuesta dinero usarlos. Puede que no lo paguemos nosotros directamente, pero el costo está ahí y alguien lo cubre (una persona o una institución, da lo mismo).
Y si lo vemos desde el punto de vista no monetario, la gratuidad tampoco existe: Del lado del blogger, hay un costo inexcusable en tiempo y energía. Por otra parte, el lector invierte los mismos materiales para acceder al blog.
Independientemente de que un blog genere o no ganancias económicas para el autor, la verdad es que los contenidos tienen un costo. Por eso es preciso tratar a cada lector con el respeto que se merece: Nos regalan lo más preciado que tienen en la vida: Tiempo. Y, muchas veces (es preciso decirlo), recibimos más de lo que damos.
El poder de nuestra voz
Por difícil que pueda parecer, nuestra voz es tan poderosa como cualquiera, y nuestras opiniones pueden influir en los demás de la misma forma que el medio de comunicación más afamado.
El único requisito es que alguien nos lea, y eso no es difícil.
Si nuestra opinión influye sobre una persona, hemos llegado al punto culminante de nuestros esfuerzos. Lo único que falta es que esa persona se multiplique por decenas, miles o millones… pero eso no incrementa el poder de nuestro mensaje, sólo lo hace más amplio.
Pero si nuestras palabras son pobres, no llegaremos a ninguna parte, por más que las estupideces que escribimos lleguen al mundo entero.
El papel de la curiosidad en la creatividad
Uno de mis bloggers favoritos es Seth Godin y en su blog ha publicado un pequeño pero interesante artículo sobre el papel de la curiosidad.
Godin dice que el secreto de la creatividad es la curiosidad, y no puedo estar más de acuerdo con él. Sin curiosidad, nadie es capaz de generar las preguntas que nos lleven a producir algo nuevo, diferente, original. Y sin curiosidad nos volvemos dóciles, siervos de otras voluntades más poderosas.
Optimizar los minutos
Siempre que hacemos algo con verdadera pasión, corremos el riesgo de dedicar demasiado tiempo a esta actividad. A fin de cuentas, es tan agradable que podríamos pasar el día entero en ello. A mí me sucede esto con el blog.
Sin embargo, hay un pequeño problema: El tiempo es finito, y nuestra capacidad de llevar a cabo tareas es limitada, muy limitada.
Por eso debemos hacer las cosas realmente importantes primero y dejar lo demás para después. Cierto que siguiendo esta estrategia habrá cosas que no haremos jamás, pero hay que entender que ello es inevitable.
Asumir los riesgos
Cada vez que ponemos un punto, una coma, que expresamos nuestra opinión o que nos comunicamos con nuestros lectores, estamos asumiendo un riesgo, vulnerando de una manera u otra nuestra intimidad, cambiando, abandonando el pasado.
La mayor parte de las veces estos riesgos son mínimos, insustanciales, irrelevantes. Pero conforme las palabras, los puntos y las comas se van acumulando en la bitácora, sus efectos se suman y nos sumergen en las consecuencias de lo que hemos creado y que muchas veces no tomamos muy en serio o que no previmos.
No se trata tampoco de tejer planes maquiavélicos para que cada pieza sea irreprochable, pero sí de estar conscientes de que los pequeños cambios se vuelven grandes, y que el blog, a fin de cuentas, es la suma de nuestras decisiones.
Evolución del blog
Construir un blog no es algo que pueda hacerse de la noche a la mañana. Ni siquiera de una semana a otra o de un mes al siguiente. Es un proceso que jamás termina, que nunca cesa.
A diferencia de otro tipo de proyectos, el blog es un reflejo de su creador, y los cambios en éste se traducen en el blog mismo. Con el tiempo, los blogs pueden hacerse más íntimos o más impersonales, virar de la simplicidad a lo complejo y hacerse multitudinarios en vez de reflejar la opinión de una sola persona.
Estos cambios pueden ser involuntarios, pero es mejor que no lo sean, porque ello significa que no tenemos control o que carecemos de conciencia sobre lo que sucede en nuestro espacio, y estar al tanto de estos vaivenes es muy importante ya que, así, podremos dirigirlos, fomentar la evolución o detenerla si se trata de un cambio que afecte negativamente a nuestro sitio.
Pero todo cambia, lo queramos o no. Y más vale tomar lo bueno de este río que es la vida.
El colaborador número uno
En un blog, hay infinidad de colaboradores, unos evidentes y otros ocultos. La tarea de todo buen blogger es desenmascararlos y darle su lugar a cada quién. No hablo, por supuesto, de personas físicas, sino de fuerzas que confluyen en el autor de blog y lo orillan a escribir de tal o cual manera.
Somos, en todo momento, una muchedumbre de impulsos, deseos, aspiraciones y recuerdos. También podemos estar enojados, alegres, melancólicos o, simplemente, aburridos o desesperanzados.
Quien no conoce esta masa de seres que alborotan en su interior y luchan unos con otros por salir, está perdido. Conocerse a sí mismo es la mejor manera de lidiar con la inevitable personalidad múltiple que acecha detrás de cada una de nuestras palabras.
Competir todo el tiempo
Hay un error que todos cometemos, y que en lo personal jamás me ha abandonado: Competir todo el tiempo. No hablo de la sana competencia con los demás, sino de esa competencia interna que nos hace estar siempre insatisfechos con los logros. Por supuesto que hay una vertiente positiva de esto, y es que nos permite mejorar constantemente, pero la hipercrítica resulta altamente destructiva.
Competir todo el tiempo con nosotros mismos no puede llevarnos a otro sitio que al agotamiento, al burn out, a la fatiga y a la desesperanza. Es necesario, de vez en cuando, bajar los estándares y disfrutar del blog como cuando estábamos comenzando y no había nada que perder y todo que ganar. Si no hacemos esto, se nos terminará la frescura, las ideas nuevas y estaremos todo el tiempo sumidos en el área convencional de la escritura.
Sólo si rompemos el círculo vicioso de la autoexigencia nos atreveremos a tomar riesgos, a buscar la originalidad.
Los propósitos del Año Nuevo
No voy a decir aquí mis propósitos del siguiente año, ya que aún los estoy meditando, pero quiero aprovechar el tema para mencionar lo que he venido repitiendo desde que inicié la versión más reciente de este blog: La importancia de fijarse metas y objetivos.
Hacer una revisión, por lo menos anual, de dónde estamos y a dónde queremos llegar es sano, es una tradición y, probablemente, sea la manera más fácil de cambiar un poco las cosas, gracias a un factor: Los propósitos que nos establecemos anualmente, y que raramente cumplimos (aunque hay excepciones), son públicos.
El hecho de que los digamos abiertamente los hace tener un factor más de presión, pues automáticamente nos ubicamos bajo el escrutinio de los demás, que nos harán recordar (por si lo hubiésemos olvidado) qué fue lo que nos propusimos este año.
Por eso es bueno hacer propósito de Año Nuevo, y gritarlos a los 4 vientos del ciberespacio.
Imponer límites al blog
Una de las cosas más difíciles en el mundo que se crea el blogger en torno a esta actividad es la imposición de límites. No me refiero a los límites naturales que deben establecerse entre los lectores y el blogger, o más bien entre la vida privada del blogger y los visitantes, sino a las fronteras que esta actividad debe tener en la vida del dueño del blog.
Tal vez no sea yo el más indicado para abordar este tema, dada la dificultad que tengo para establecer barreras a la hora de acometer las tareas del blog, pero por encima del goce que nos proporciones esta actividad, no resulta (y esto es una perogrullada, aunque bien vale la pena decirla) equivalente a las actividades en el mundo real.
Hay un punto difícil de definir entre nuestra obligación como bloggers y nuestra pasión por este oficio. Es fácil caer en el extremo de dedicar demasiado tiempo al blog y robárselo a otras partes de nuestra vida, y dado que el tiempo es un bien finito, es importante no despilfarrarlo, y ser un poco (no demasiado) tacaños con él.
Corregir
Hemingway solía decir que hay que escribir borracho y corregir sobrio. Sin embargo, me parece que es un mal consejo a seguir (sobre todo la primera parte).
Sin embargo, podemos tomar el consejo de Hemingway metafóricamente: Escribir como nos salga del alma y corregir con espíritu crítico (ambos pasos incluyen estar sobrio).
Muchos bloggers jamás corrigen. Es más: Muchos escriben y no le dan siquiera una leída a lo que han puesto en la entrada. Éste es un grave error, ya que si lo hacemos así jamás aprenderemos a redactar correctamente en nuestro blog. No que vayamos a crear obras como las de Hemingway, pero sí textos coherentes que nos ayuden a ir puliendo nuestras habilidades con el teclado.
Pero tampoco debemos caer en el otro extremo: El preciosismo, la excesiva meticulosidad, la hipercrítica. Entonces, corremos el riesgo de borrar cada frase que nos salga de los dedos y no avanzar un ápice en la conformación de nuestra identidad como bloggers (identidad que se da mediante el estilo de nuestra escritura).