El blogger como lector
Tenemos dos caminos para escribir bien en un blog: Tener un talento innato para ello o aprender a hacerlo. Por supuesto que ambas situaciones no son excluyentes ya que una persona con talento natural para escribir puede incrementar dicha capacidad mediante el aprendizaje.
Pero seamos honestos: El 99% de nosotros debe aprender, ya que el talento suele ser un material escaso.
¿Y quienes son los mejores maestros? Pues otros bloggers.
El blogger debe leer blogs todos los días, debe analizar las entradas de otros y tomar lo bueno, incorporándolo a su acervo de técnicas, trucos y tips. El blogger que no lee blogs es análogo al escritor que no lee libros, o al pintor que jamás asiste a un museo para ver las pinturas de otros.
Problemas con el estilo
El único requisito para escribir un blog que resulte interesante para los demás, es dejar de lado los estereotipos y dejar salir al demonio que todos llevamos dentro. Hay que ponerle la mordaza de vez en cuando, pero los lectores siempre sabrán quién está escribiendo la entrada: El personaje ficticio con el que nos desenvolvemos en la sociedad o la verdadera persona detrás del teclado.
Cómo lidiar con los impertinentes en el blog
Discutir online es ligeramente diferente a discutir en persona. En primer lugar, las personas que discuten frente a frente por lo general se conocen, o tienen algún tipo de relación en el mundo real que los hace tener que ponerse de acuerdo, y es ahí donde surge la disputa, que se resuelve en buenos o malos términos dependiendo de la gravedad de la falta y de la habilidad para negociar de las personas.
En el mundo virtual, en cambio, mucha gente inicia discusiones con el blogger o con otros comentaristas por diversos motivos.
En el caso del blogger, suele suceder que estos seres discutidores critiquen al autor de la entrada por algún detalle, o lo ataquen directamente. ¿La consecuencia? El blogger da un click (a veces dos) y el comentario desaparece. Nada más sencillo ni más claro: Si al lector no le gusta lo que escribe el blogger, que se vaya a otra parte. Y si al lector le es antipático el blogger o le tiene resentimiento por alguna razón, lo mismo: Que dirija su navegador a otros blogs, que para eso hay millones en la blogósfera.
Muchos bloggers se empeñan en discutir y rebatir a estos empedernidos oposicionistas. Es una pérdida de tiempo. Deben ser eliminados como lo haríamos si fuésemos por la calle y un desconocido se nos acercara para decirnos que no le gusta cómo vestimos. En dicho caso, yo me daría la media vuelta y lo dejaría hablando solo.
Nada más fácil que ignorar a un impertinente.
Ignorar los números
Si bien he dicho numerosas veces que el blogger debe estar el pendiente de las estadísticas de su blog, también es cierto que esto puede convertirse en una obsesión, y que los números pueden ser un engaño, un espejismo.
Todo aquél que tiene cierto tiempo en esto del blogging ha pasado por la fase en la que las estadísticas lo son todo. Verificar diariamente las visitas, las páginas vistas, los visitantes únicos, los rankings en los diferentes servicios y los enlaces entrantes puede ser uno de los hábitos más perjudiciales, pero generalmente esta fase no dura mucho tiempo y, al cabo de unos meses, esos números se vuelven secundarios y el blogger comienza a escribir con verdadera libertad, habiéndose escapado del deprimente círculo vicioso de las estadísticas.
Pero no me malentiendan: Es imprescindible vigilar las estadísticas, aunque un vistazo semanal me parece más que suficiente para darnos cuenta si las cosas van por buen camino o no.
Lo importante no son los números, sino la influencia que tiene nuestro blog, algo que los servicios de estadísticas son incapaces de decirnos y que hay que evaluar cuidadosamente, aunque no existe ningún truco para llevar a cabo esta tarea sino que depende de muchos factores, tantos que probablemente jamás terminaría de explicarlos todos.
¿Escribir para el lector?
Una de las preguntas más difíciles de responder es: ¿Para quién debe escribirse? ¿Para uno mismo? ¿Para el lector?
Los periodistas profesionales saben perfectamente que sus columnas deben cumplir una función: Entretener e informar al lector. En este caso, todas y cada una de las palabras deben cumplir un objetivo, que es comunicar al lector aquello que desea saber, o proporcionarle un momento de diversión, de esparcimiento. En este caso, podríamos decir que se escribe para el lector.
Sin embargo, un blog es algo ligeramente distinto: Hay más libertad y, por lo general, el blogger es el dueño del medio de comunicación en el cual escribe. No tiene un jefe mirando sobre su hombro y, en términos generales, tiene la posibilidad de poner lo que se le antoje. Si bien su público suele ser más reducido que el de un medio tradicional, esto no siempre es así y hay blogs que cuentan con un universo de lectores numeroso, tanto como el de muchos medios tradicionales o más.
Y si bien la gran mayoría de los bloggers escribimos por el simple gusto de hacerlo, existe también cierta presión por parte de los lectores para que se aborden ciertos temas y se eviten otros. Con el tiempo, el blogger comienza a darse cuenta que ya no está escribiendo lo que desea escribir, sino lo que el público exige de él, y esto es un grave error, pues junto con dicha tendencia, el gozo de la escritura comienza a menguar, aunque el universo de lectores crece y esto genera un tipo diferente de satisfacción.
Pienso que todo blog debe ser una combinación de ambos enfoques: Escribir lo que al blogger le apasione y, al mismo tiempo, proporcionar al visitante una lectura entretenida y a la medida de sus necesidades. Esto no es sencillo, pero puede hacerse y esto, entre otras cosas, es lo que hace que el blogger adquiera “oficio” y se vuelva más intuitivo con respecto a los temas que funcionan y los que no.
Mejorar continuamente
Las posibilidades de un blog son infinitas y el único límite es la imaginación del autor, quien debe vérselas con una fuerte competencia y que, por lo general, tiene pocas opciones que no hayan sido explotadas. Hallar un nicho vacío en el blogging no es difícil, pero hallar uno que, al mismo tiempo, sea de interés para los lectores es un trabajo monumental que requiere mucha suerte y mucha constancia.
Lo que sí puede hacer el blogger es tratar de mejorar todo el tiempo. Desde la plantilla, la cabecera, la forma de redacción, los elementos gráficos, la moderación de comentarios, el formato de los artículos… hay miles de detalles que pueden ser modificados y que irán construyendo un blog sólido, un sitio digno para los visitantes y que, al mismo tiempo, sea funcional, de fácil navegación.
Una de las mejores cosas del blogging es que todos los días se prende algo nuevo, que los lectores nos regalan con sus conocimiento, su crítica y sus puntualizaciones, y esto nos ayuda a escribir entradas cada vez mejores, más completas o más claras. Hacer caso omiso de esta retroalimentación nos pone en riesgo de echarlo todo a perder, de rechazar la oportunidad de avanzar, de aprovechar la posibilidad de ser, cada día, un poco más asertivos en esta tarea.
Imaginación
Uno de los elementos indispensables en un blogger es la imaginación. Como en el caso de cualquier persona que trabaja con elementos comunes y crea cosas nuevas (en este caso se trata de las palabras), es preciso que el blogger entienda la necesidad de que el lenguaje, el tono o la historia que está contando tenga un mínimo de originalidad, de novedad.
No digo con esto que un blog deba convertirse en un cúmulo de cuentos e historias fantásticas, sino que es preciso entender que aún en la cotidianeidad de historias conocidas por todos, existe espacio para la innovación, para la creatividad. A veces la brecha es estrecha, pero en ocasiones tenemos un filón que hay que aprovechar al máximo, explotando las muchas o pocas dotes narrativas que tenemos y entrenándonos en cada entrada como si fuésemos a participar en una competencia deportiva.
Si bien hay bloggers natos, la mayoría son producto del esfuerzo, del estudio y de la práctica.
Caminar, antes de correr
La historia natural de un blog (y de un blogger) tiene una secuencia básica que, con pocas excepciones, no puede ser alterada. El éxito, por desgracia, se encuentra al final de esta línea, y el resto se compone de trabajo… innumerables horas frente al teclado, leyendo otros blogs, comentando, pensando y evaluando lo que se ha hecho y lo que resta aún por hacer. Tratar de alterar el orden natural de las cosas es inútil, absurdo, y no conduce a otro paradero que a la desesperación y al eventual abandono del proyecto.
Por eso es indispensable que el blogger disfrute lo que hace. En una analogía con los viajeros, el buen viajero disfruta el traslado y el destino mientras que el simple turista sólo está interesado en llegar a un punto del mapa.
Si hay gozo al escribir cada post, el éxito se consigue con cada entrada, con cada comentario, con cada vez que pulsamos el botón de “Publicar”
El nombre del blog
Ponerle nombre a un blog no es, como podría pensarse de primera intención, algo sin importancia, o secundario. Por lo general, es lo primero que ve el lector cuando entra a nuestro sitio, y lo que más fielmente permanece en su memoria.
No son pocos los blogs sin un título visible (o sin él, de plano) y esto, por lo menos desde mi perspectiva, me parece un grave error. No solamente porque va en contra de las reglas del SEO (Search Engine Optimization), sino porque el lector no sabe en dónde está.
También puede darse la situación de que el blog no indique de qué trata éste, o de que dé una idea errónea al respecto. Muchos blogs cambian de temática con el tiempo, pero el nombre permanece inalterable y en estos casos, aunque nos duela, lo más inteligente es cambiar de nombre a nuestra página web. Se perderán algunos lectores, pero ganaremos en claridad, en congruencia.
El nombre de nuestro blog puede, en algunos casos, ser la clave del éxito o del fracaso, atraer a cierto tipo de público y alejar a otro y ayudar o impedir que ganemos reputación en la red.
Como se ve, no es un asunto trivial.
El miedo a fallar
A pesar de lo que se piensa, las personas más exitosas son las que tienen mayor miedo al fracaso, a perder el terreno ganado, a retroceder en sus logros. Como dice el conocido refrán: Lo difícil no es llegar, sino mantenerse.
Tratándose de los blogs, hay una pequeña ventaja a nuestro favor: Su historia es tan breve que hay pocos (muy pocos) que han llegado a la cima. Eso si lo comparamos con escritores, pintores u otros profesionistas que tienen tras de sí siglos de historia y centenares de figuras casi inalcanzables.
Fallar en un blog es, por desgracia (y por fortuna), la regla. Todos fallamos constantemente, y me atrevería a decir que no hay un blogger inteligente que no esté al tanto de que comete errores todos los días. Fallar, pues, no es tan grave… pero hay que hacerlo con gracia, con estilo, con la intención de aprender de esas minúsculas y cotidianas meteduras de pata. A veces erramos en la ortografía, la redacción, o en alguna cifra, pero donde no debemos fallar (o deberíamos hacerlo lo menos posible) es en el tono, la intención y los objetivos que nos hemos planteado al escribir no sólo la entrada, sino el blog mismo.
Los bloggers no somos máquinas infalibles y ése es uno de los atractivos más poderosos para quienes nos leen.
Tiempo para escribir
Hallar tiempo para escribir en el blog es una tarea que, inicialmente, puede parecernos titánica, ya que por regla general tenemos montada una rutina en torno a la cual gira nuestra vida, e introducir un nuevo elemento habitualmente implica descartar otro, reducir el tiempo que le dedicamos o posponerlo.
Otras personas optan por un enfoque ligeramente distinto: Roban horas al sueño para dedicarlo al blog, aunque ésta no es una buena estrategia ya que la fatiga, tarde o temprano, se cobra lo que le debemos, y con intereses.
La mejor de las soluciones es buscar el tiempo muerto y usarlo productivamente. En caso de que usemos el transporte público, es un buen momento para escribir una entrada (o dos). Otra posibilidad es reducir el tiempo que usamos en ver televisión, o usar los “breaks” en el trabajo para dedicar ese tiempo a escribir.
Pero lo más importante de todo es que el tiempo que dediquemos a esta actividad tenga un lugar fijo en nuestra rutina diaria y, si es posible, un horario específico. No hay bloggers exitosos que pasen esta regla por alto ya que con el tiempo, el aumento en las visitas y el creciente gusto por esta actividad, se convertirá en parte importante de nuestras vidas y merecerá un espacio exclusivo y, A veces, de primerísima importancia..
Comunicarse con el lector
Los blogs ofrecen una forma única (e inigualable, me atrevería a decir) de comunicarse con el lector. No es solamente la inmediatez con la que se publican los contenidos, ni la posibilidad que tienen los visitantes de comunicarse directamente con el autor, sino la ubicuidad de estos medios de comunicación.
Cualquier persona con acceso a una conexión a internet y una computadora (situación que, cada vez más, es la regla en todos los hogares) tiene la puerta abierta para acceder a los pensamientos, tribulaciones, conocimientos e inquietudes del blogger.
Sin embargo, muchos bloggers (sobre todo aquellos con sitios de gran éxito) han optado por escribir como si lo estuvieran haciendo para un periódico impreso o una revista. No se comunican con sus lectores, raramente se dirigen a ellos y usan la plataforma como si del otro lado de la pantalla no hubiese un ser humano real, sino un lector genérico. Estos bloggers (a diferencia de los auténticos) piensan estar haciendo las cosas bien, pero se equivocan: Sin verdadera comunicación no hay comunidad, y sin comunidad el blog se convierte, simplemente en un tabloide impersonal y anónimo, inútil y absolutamente falso.
El problema, pienso yo, es que muchos no se han dado aún cuenta del engaño.
Lo irracional en el blog
Un blog es, ante todo, el producto de la imaginación de alguien. No importa que nuestro sitio hable de historia, de física atómica o de computadoras… El enfoque que da el blogger a la información está lleno de subjetividad, de opiniones propias, de humor y de un punto de vista que deja entrever la personalidad del autor.
Todo texto es una cadena de palabras, y éstas han sido elegidas por alguien en virtud de sus intereses, de su educación, cultura y lecturas previas. Dicha composición es, ante todo, irracional, y alude directamente a la imaginación y las fantasías del lector.
Por irracional no me refiero a que los artículos de un blog carezcan de lógica. Todo lo contrario: Deben guiarse por las leyes de ésta. Sin embargo, el éxito de un texto no tiene nada que ver con los hechos que se relatan, sino con la forma en que las oraciones que construye el escritor impactan los sentimientos, los recuerdos y el sentido estético de quien lee.
Por eso precisamente es que nadie puede enseñar a otra persona a escribir buenos artículos. Ese camino debe ser recorrido en solitario por el blogger, y guiarse por las señales que surgen de vez en cuando y que nos dicen cuándo hemos acertado y cuándo es preciso desandar el camino y tomar otra ruta.
El arte del blogging
Recientemente, publiqué en mi otro blog, una crítica (aunque sería más adecuado llamarla “reseña”) sobre un libro que acabo de leer y que trata del blogging. Me llamó la atención que el libro hiciera más énfasis en los aspectos técnicos de la creación de un blog que en lo realmente importante y que es cómo escribir en un blog.
Resolver los problemas y retos técnicos que implica un blog no nos hará mejores bloggers, ni ayudará a que nuestro blog tenga éxito. Un niño de 10 años medianamente avispado puede crear un blog, pero sólo un blogger experimentado y con habilidad para transmitir sus pensamientos y emociones será capaz de atraer un público numeroso, y de inyectar el espíritu de comunidad en él.
Convertirse en blogger, siempre lo he pensado, es más un arte que una técnica. Por supuesto que se requieren ciertos conocimientos y habilidades para administrar un sitio web, pero en el sentido estricto, crear los contenidos es una labor que apela a la creatividad del blogger, a su manejo de las palabras y de los elementos multimedia y a una juiciosa y meditada elección de los temas a tratar.
Es decir: El blogging es, más que una técnica, un arte.
Abandonar el blog
Todo blog merece una oportunidad, y todo blogger debe, si tiene vocación, persistir en el intento, pero es inevitable que haya blogs que son olvidados por sus creadores y vivan una lenta muerte que, por lo menos a mí, me provoca una gran pena. Esos blogs que son como casas fantasmas con los muebles cubiertos por sábanas y una última entrada congelada en el tiempo son como una casa de espantos para los que leemos blogs todos los días.
Yo he abandonado blogs también, pero desde que me atraparon estos diarios en línea, bitácoras o como quiera que se les llame, nunca he dejado de escribir en uno, o en varios. Esto no es una disculpa, sino una muestra de que no soy ajeno al fenómeno. En mi caso, los abandonos se han debido, casi siempre, a que he calculado mal mis fuerzas e, impulsivamente, me he comprometido en más proyectos de los que puedo manejar y la realidad termina imponiéndose a mis deseos o a mis aspiraciones.
Son pocos los que toman la decisión consciente de terminar con la vida de un blog y lo anuncian a sus lectores. La mayoría dejamos de actualizarlo un día, luego dos, y de pronto ha pasado ya un año. Sin embargo, suele suceder que no seamos conscientes del abandono y en nuestra mente persista la idea de que, tarde o temprano, volveremos a actualizarlo.
Según technorati, más del 90 por ciento de los blogs han sido abandonados y eso convierte a la blogósfera en una especie de museo de cera, de ruinas que, a diferencia de las reales, no se deterioran sino que se quedan fijas e inamovibles en el tiempo.