Cuando las cosas se vuelven demasiado complicadas

por Andrés Borbón.    June 9, 2010

Todos los que tenemos o hemos tenido un blog nos hemos enfrentado a ese momento en que las cosas están demasiado revueltas, en que parece que hemos perdido el ritmo y en que la mejor solución parece la huida. Es una circunstancia cómica pero que en el momento se experimenta con bastante angustia, con desazón, con desesperanza. No se trata de algo raro, ni anormal. Estamos programados para mantener el control de lo que nos rodea y cuando no lo conseguimos aparece esa sensación de indefensión tan incómoda, tan dolorosa, tan costosa en términos afectivos.

Hablo, por supuesto de mi propia experiencia. Caminar a oscuras en un terreno desconocido es algo espantoso, sobre todo si no contamos ni siquiera con una vela o algún punto de referencia que nos ayude a guiar nuestros pasos, pero con el tiempo esto se vuelve algo cotidiano, algo normal, algo a lo que nos acostumbramos y que, con el tiempo, deja de producir la angustia que provocaba inicialmente.

El problema más grave aparece cuando intentamos hacer algo original y en un terreno que no ha sido explorado antes. Jalar el hilo de la creatividad todos los días es algo que puede ser bastante incómodo, ya que siempre tenemos la sensación de estar fallando, de corromper la intención inicial y de habernos convertido en un surtidero de lugares comunes y de frases hechas.

Lo que debemos hacer en estos casos es agachar la cabeza y embestir con todas nuestras fuerzas, derribando la temibles (pero débiles) barreras de la duda y la inseguridad. Nos dolerá un poco, correrán algunas gotas (metafóricas) de sangre pero tendremos que tolerar este enfrentamiento si no queremos quedarnos atascados de por vida. Lo más sencillo, como siempre, es no hacer nada: Echarnos hacia atrás y no movernos de nuestra zona de confort, donde todo está resuelto de antemano.

¿Es tu caso? ¡Bienvenido al club!

Cambiar de parecer

por Andrés Borbón.    June 7, 2010

Modificar nuestra forma de pensar es tan humano que si no lo hiciéramos todo el tiempo, es probable que falláramos (y por mucho) el test de Turing el cual, por si aún no se han enterado, sirve para diferenciar entre una máquina con inteligencia artificial y un verdadero humano.

En fin, que la mutabilidad del espíritu humano, lo caprichoso de nuestro carácter y las gigantescas variaciones en el abanico de nuestros estados de ánimo son, cuando menos, una de las marcas de fábrica que Dios, la genética, la evolución (o como quieran llamarle) ha dejado en nosotros. Claro, todo esto debe darse en los ámbitos de la cordura, de la razón y de la lógica, pero tampoco es un pecado cometer una pequeña locura de vez en cuando, que para eso tenemos libertad, y no hay necesidad alguna de hacernos los mártires negando la verdadera naturaleza de nuestros deseos.

Muchas veces he dicho que la libertad que disfrutamos al escribir en un blog cualquier cosa que se nos venga a la mente es una de las ventajas más grandes de esta actividad, y sin cambios de parecer, sin variación en el itinerario pues esto termina convirtiéndose en una imitación de la vida real, que aunque no tiene nada de malo también es cierto que posee la habilidad de exasperarnos con su rigidez, con su falta de colorido, de sorpresas, de esas variaciones que tanto disfrutamos y que constituyen la sal de la vida, el granito de sal que a veces le es indispensable a la existencia para adquirir sabor, para convertirse, al menos un poco, en lo que dictan nuestros sueños, nuestra fantasía, el día a día de ese voluble músculo que es la imaginación y que es el lugar de donde se alimenta cualquier obra donde la creación juegue un papel importante.

La fábrica de la originalidad

por Andrés Borbón.    June 4, 2010

Abordar el tema de la originalidad es como hablar de la historia de la Atlántida, o como investigar los deseos subconscientes de las termitas. Es un tema tan escabroso que no hay autoridad que valga, que no hay palabra que no pueda ser refutada con toda facilidad. Por estas razones, todo lo que se diga a en torno a este tópico resulta absolutamente falso y verdadero al mismo tiempo.

Pero también hay un punto a nuestro favor: Si no somos tan ingenuos como para decir algo francamente estúpido, también resulta que nuestras palabras son difíciles de refutar, por el simple y sencillo hecho de que sólo un ser realmente original podría hallar el fallo en nuestros razonamientos, y estos individuos están, por lo general, más preocupados creando que discutiendo cosas insustanciales con los simples mortales como nosotros.

Los bloggers, aunque parezca difícil creerlo, somos tan capaces de la originalidad como lo fueron Picasso, Hemingway o Van Gogh. Nuestro lienzo es una página virtual en blanco, y nuestro público es tan numeroso, o más, que el que tuvieron muchos de estos artistas imperecederos, muchos de los cuales murieron desconocidos, pobres y abandonados.

Pero una cosa es absolutamente cierta: La originalidad no viene sin esfuerzo, y no hay fórmulas mágicas. También es cierto que los bloggers originales se toparán con muchas dificultades. La gente (el común de la gente) prefiere lo conocido y teme hasta el pánico lo que se sale de los cánones. Así que si el público del blogger piensa que el autor está escribiendo idioteces, caben dos posibilidades: Que detrás del teclado haya un idiota con un C.I. limítrofe o que se trate de alguien que esté luchando por destruir los cánones, de crear algo nuevo, que perdure… aunque sea apreciado sólo por unos cuantos.

De vuelta al asunto de la constancia

por Andrés Borbón.    June 3, 2010

¡Por Belcebú! He dicho miles de veces en este blog (Ok, no han sido tantas, pero valga la expresión) que una de las cosas más difíciles de conseguir en un blog es la constancia, y yo mismo he caído en este pecado capital, dejándome llevar por la hueva, la apatía, la flojera, el tedio o como quieran llamarle. En fin, que lo que nació como un proyecto que, teóricamente, no se detendría bajo ninguna circunstancia terminó sucumbiendo al desinterés, al principal problema de todo blogger y que es esa frase que solemos repetirnos una y otra vez y que dice: “Mañana lo compensaré”. Eso es más falso que el tricornio de Satanás, y lamento que un blog que habla del blogging haya caído durante varios meses en el pecado contra el que intentaba prevenir a los lectores: La ruptura de los proyectos. Bueno, espero que esto me haya servido de lección y espero que de ahora en adelante las cosas sean mucho menos difíciles, que no se me olvide nuevamente escribirle a este blog con cierta regularidad y que pueda seguir el paso del ritmo que me he impuesto y que, justo es decirlo, terminó fatigándome, aunque todos sabemos que esto es cosa de organización, no de energía ni de grandes y portentosas ideas.

Sin embargo, creo que ahora en esta Segunda Temporada del blog, cambiaré un poco el formato. Trataré otros temas además de aquellos que tienen que ver directamente con el blogging y es muy probable que incluya cosas un poco más personales, menos técnicas y menos rígidas. Procuraré que las entradas no sean excesivamente largas. Digamos de unas trescientas palabras por vez, para no cansar a los lectores y para no cansarme a mí mismo. En fin, que puede darse por reiniciado este blog que nunca debió haberse interrumpido.

Todo está permitido

por Andrés Borbón.    February 12, 2010

Casi puedo ver la ira y la mirada despectiva de los puristas del lenguaje (en el remoto caso de que alguno de ellos se acerque a este sitio): Al escribir en un blog, todo está permitido, o casi todo, con tal de que sea comprensible y contribuya a comunicar una idea. Me refiero al uso y abuso de listados, a las negritas, cursivas, palabras en inglés, abreviaturas, neologismos y contracciones coloquiales del lenguaje… todo con tal de comunicar efectivamente, de sintonizarnos con nuestro público, de echar abajo algunas barreras que, querámoslo o no, dificultan la transmisión de los pensamiento, pero… (siempre hay un pero)… todo esto debe hacerse sólo por necesidad, no por deporte o por ignorancia. Dicen por ahí que las únicas personas con derecho a destrozar el idioma son aquellas que lo conocen a fondo, y estoy de acuerdo con esto: darle en la madre al español amerita un precio muy alto: amarlo profundamente y, aún así, darle una patada y romperlo un poco para obligarlo a cumplir con el objetivo de toda lengua: trasladar un pensamiento desde una cabeza a la otra por medio de las palabras.

El valor de las palabras

por Andrés Borbón.    February 10, 2010

A veces no sé si las cosas que tengo en la cabeza las leí en alguna parte o las he inventado yo, y cometo plagios involuntarios o atribuyo mis pocas ideas originales a otros, pero creo que esto sí lo dijo alguien que no fui yo, aunque no sabría atribuir la sentencia a alguien en particular.

Y aderezando mi mala memoria con algo de fantasía, diré que se trata de un escritor viejo, famoso y rico a quien una niñata sabrosa, menuda, tonta y con aires de intelectual le pregunta, micrófono en mano y actitud servil:

─Maestro, ¿cómo saber si algo tiene valor literario o no?

El viejo escritor (nadie está grabando en video) le mira detenidamente las piernas, el mullido, profundo, apretado y acogedor hueco entre las tetas y responde:

─Es como con las putas: Basta verlas y uno sabe al instante si vale la pena pagar por ellas.

El viejo, rico, famoso (e impotente) escritor desvía la cabeza hacia un costado, mira por la ventana, lanza un profundo suspiro y despide a la entrevistadora con un gesto de la mano, como quien espanta una mosca.

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