Pensar a futuro

Una de las habilidades indispensables en un buen blogger es la capacidad de anticiparse a los hechos. No me refiero, obviamente, a que se convierta en adivino o médium, ni que aprenda a leer el Tarot o los posos del café, sino a que aprenda a entender el rumbo de su blog y cambiar de dirección tan pronto como detecte una nueva “tendencia”.

Muchas veces, el éxito de una entrada, o de una serie de entradas, tiene que ver con el futuro. Me explico: Si se acerca la época navideña, reunir información, ideas o imágenes alusivas a estas fechas. Si se acercan las elecciones (y es un blog de tinte político), informarse adecuadamente sobre este tópico para tener argumentos válidos cuando la discusión llegue a su punto más álgido.

Pero también es importante “entender” al público lector. Todo blogger debería echar un serio y crítico vistazo a sus estadísticas por lo menos una vez a la semana. Ver qué entradas están atrayendo la atención de los lectores, de los buscadores, y usar dichos datos para mejorar la calidad de los posts que más gustan, o anticipar el desastre cuando resulta evidente que algo está fallando en el blog.

 

Pensar a futuro es un arma poderosísima, aunque como resulta lógico suponer, se pueden cometer numerosos errores, pero he ahí parte del gozo que proporciona el blogging: Equivocarse y acertar resulta una especie de juego que hay que jugar deportivamente. Es decir: Aceptar de buena forma las derrotas en nuestras predicciones fallidas y no vanagloriarnos infantilmente por nuestros triunfos. El blogger maduro sabe que los visitantes van y vienen, que los comentaristas aparecen y se esfuman con la misma rapidez. Si basa su trabajo en complacerlos, pronto encontrará que está trabajando no para sí mismo ni para la mayoría de sus lectores, sino para una fracción de ellos, los más ruidosos y aquellos que proporcionan retroalimentación valiosísima pero que no necesariamente representan al resto.

Es bastante difícil no hacer caso a las críticas negativas, ya que por lo general hieren hondo, pero ello no debe ser obstáculo para seguir nuestro plan, aquél que apunta al futuro, a mediano o a largo plazo y que, al final, nos llevará al punto en el que nos hemos propuesto estar.

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