El blog como una forma de aprendizaje
Escribir en un blog, piensan muchos, sirve para transmitir lo que sabemos a nuestros lectores. Sin embargo, la realidad es exactamente la contraria: Aprendemos al escribir un blog.
A menos que se trate de una bitácora donde pontifiquemos sobre nuestros vastos conocimientos a la manera de una conferencia magistral, elaborar una entrada nos hace plantearnos un sinnúmero de preguntas que, probablemente, no nos habíamos hecho antes. Además, ejercitamos nuestras habilidades de redacción y ortografía y éstas van mejorando poco a poco.
Escribir un blog nos obliga, también, a consultar fuentes para asegurarnos de que lo que escribimos esté lo más apegado a la realidad que sea posible. Muchas veces no tenemos más remedio que publicar información incompleta o apócrifa, pero por lo general una rápida búsqueda nos lleva a cientos, miles o decenas de miles de artículos con información relacionada. La lectura de esta información complementaria no solamente enriquece nuestro artículo, sino a nosotros mismos.
Me ha pasado infinidad de veces que, intentando hallar información sobre un tema, termino encontrando otros mucho más interesantes. Además, me empapo un poco en el particular, y aunque no escriba todo lo que he hallado (no se trata de publicar tratados), definitivamente se adquieren muchos conocimientos en el camino.
Es el equivalente a la docencia. Cuando alguien enseña, aprende. En los blogs, el proceso tiene aún otro factor más: La retroalimentación de los lectores. Muchas veces me he sorprendido con comentarios de personas que saben mucho más que yo del tema, cuyos conocimientos superan a la información en la que me basé para elaborar la entrada. Es entonces cuando el blog se convierte en una forma de aprendizaje continuo, de mejoramiento sin cesar, de crecimiento personal.