Abandonar el blog
Todo blog merece una oportunidad, y todo blogger debe, si tiene vocación, persistir en el intento, pero es inevitable que haya blogs que son olvidados por sus creadores y vivan una lenta muerte que, por lo menos a mí, me provoca una gran pena. Esos blogs que son como casas fantasmas con los muebles cubiertos por sábanas y una última entrada congelada en el tiempo son como una casa de espantos para los que leemos blogs todos los días.
Yo he abandonado blogs también, pero desde que me atraparon estos diarios en línea, bitácoras o como quiera que se les llame, nunca he dejado de escribir en uno, o en varios. Esto no es una disculpa, sino una muestra de que no soy ajeno al fenómeno. En mi caso, los abandonos se han debido, casi siempre, a que he calculado mal mis fuerzas e, impulsivamente, me he comprometido en más proyectos de los que puedo manejar y la realidad termina imponiéndose a mis deseos o a mis aspiraciones.
Son pocos los que toman la decisión consciente de terminar con la vida de un blog y lo anuncian a sus lectores. La mayoría dejamos de actualizarlo un día, luego dos, y de pronto ha pasado ya un año. Sin embargo, suele suceder que no seamos conscientes del abandono y en nuestra mente persista la idea de que, tarde o temprano, volveremos a actualizarlo.
Según technorati, más del 90 por ciento de los blogs han sido abandonados y eso convierte a la blogósfera en una especie de museo de cera, de ruinas que, a diferencia de las reales, no se deterioran sino que se quedan fijas e inamovibles en el tiempo.