Perdiendo el impulso inicial
Todo blog pasa por diferentes etapas, pero una de las más importantes (y por lo tanto crucial) es cuando el blogger pierde el impulso inicial, cuando el espíritu que lo llevó a crear el blog se ha esfumado y cuando las cosas parecen descomponerse como esas películas donde las figuras de cera son sometidas a demasiado calor y empiezan a derretirse grotescamente.
Ese momento es el fin y el principio del blog, el momento clave en la existencia de una bitácora, cuando el blogger debe replantearse lo que ha estado haciendo y el rumbo que han de tomar las cosas de ahí en adelante. Es un paso que debería llenarnos de emoción, de entusiasmo, pero por experiencia sé que lo que en realidad se experimenta es una angustia terrible, una soledad enorme y la sensación de que todo se nos está yendo de las manos, que el futuro se va por el tubo del desagüe y que estamos perdiendo cosas que son irrecuperables.
A esto le sigue una etapa de estupefacción, de perplejidad, pero normalmente el blogger (el buen blogger) se da cuenta que por fin es libre, que ya no tiene que escribir de lo mismo, que ha llegado el momento en que puede ser realmente él y que no hay nada ni nadie en el mundo que sea capaz de manejarlo, de controlarlo, o de obligarle a abordar ciertos tema.
Es aquí cuando muchos blogs sufren transformaciones radicales, cuando el blogger serio se suelta el pelo, el escurridizo se muestra ante sus lectores y cuando entendemos que lo maravilloso de un blog es precisamente la libertad, pero que a veces es difícil saber qué hacer con ella.
Mi consejo es dejarse ir, elegir un tema que nos sea atractivo y, simplemente, poner una palabra tras otra como si aquello no fuera a publicarse jamás. Y cuando el artículo esté terminado y le hayamos dado los últimos toques, podremos vernos a nosotros mismos tal y como si la página que acabamos de teclear fuese un espejo.
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