Vivir en la nube
Recientemente, vivimos una explosión de servicios online que nos permiten dejar mucha de nuestra información en la web, en lugar de manejarla desde nuestra computadora y de tenerla almacenada en el disco duro. Esto ha permitido que el individuo maneje grandes cantidades de información y hasta programas complejos con solo una netbook, o con un teléfono celular.
Basta tener una conexión a internet para acceder a nuestras fuentes RSS, el correo electrónico, nuestras fotos, contactos, marcadores, calendario, videos, documentos, y hasta aplicaciones como Photoshop, Office y similares. En un entorno extremo, prácticamente no tendríamos que instalarle nada a nuestra máquina y ni siquiera habría necesidad de que la información se almacenara temporalmente en el disco duro ya que podemos subirla a la red desde un pendrive, desde la cámara fotográfica o de video.
Sin embargo, ¿Qué tan confiables son estos servicios? ¿Qué sucedería ante un fallo mayor de Gmail? ¿Cómo rescataríamos las fotografías que hemos almacenado en la nube? ¿Los miles de tweets? ¿Nuestras entradas en Facebook?
Yo, debo admitirlo, siento cierta inseguridad ante esta promesa de La Nube y tengo una copia local de todo mi correo electrónico, hago resguardos de mi blog todos los días y uso un lector de feeds que almacena localmente los artículos. En cuanto a la información, utilizo Evernote, que mantiene dos copias: Una en la computadora y otra en el sitio web y tengo programada una aplicación que sincroniza todos mis archivos con un disco duro externo cada 24 horas.
Creo que la nube aún no está madura para confiarle nuestras vidas, y aunque los servicios que se ofrecen en línea son bastante confiables, aún se producen fallos, y no podemos permitirnos perder aquello en lo que hemos invertido tanto tiempo y esfuerzo.
Tal vez con el tiempo mi postura cambie, pero por lo pronto no veo la necesidad de deshacerme de mis copias locales, las cuales tienen un gran valor para mí.