Escribir un blog
Muchos bloggers escriben porque quieren hacerlo, otros porque tienen que hacerlo y otros porque se proponen hacerlo.
Hay algunos, sin embargo, que escriben porque necesitan hacerlo, y me gusta pensar que pertenezco a este último grupo. El blog es, para mi, solamente el vehículo, pues la verdadera necesidad (hasta podría llamársele apetito) es la de comunicar, la de dispersar ideas, la de conectarse con el lector, la de unir frases que digan algo, que tengan un significado para alguien.
Si comienzas un blog, normalmente es porque te lo has propuesto. Concibes el esquema, un plan y lo ejecutas. Nada te obliga a escribir 10 artículos al día, a menos que desees conseguir una audiencia amplia, pero ello trae consigo el riesgo de que tus entradas parezcan “twitteos”, de que el lenguaje esté descuidado o de que, simplemente, termines agotado, fatigándote inútilmente y sin obtener mucho a cambio.
Si en verdad deseas conectarte con tus lectores, hace falta tiempo para pensar, para dotar a tus palabras de vida, para dejarte ver a través de las letras. Así, quien se acerque a tu blog sentirá que se halla frente a un individuo de carne y hueso, no ante una máquina de fabricar entradas en serie de la misma forma que los autos salen de la fábrica: Prácticamente iguales.
Para algunos (entre los que me incluyo), ser leído es la bendición más grande de todas. Si, además de esto, se consigue plantar una sonrisa en el rostro del lector, provocar una duda en su mente o brindarle un trocito de conocimiento, el panorama está completo: Misión cumplida.
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