Aug 01

Dharmendra-Modha

por Andrés Borbón

El sueño de crear Inteligencia Artificial no es nuevo. Muchos recordarán los cuentos de Asimov como el ejemplo más claro y conocido de estas elucubraciones fantásticas. Sin embargo, es posible que la creación de seres artificiales inteligentes vaya más allá, más lejos en el tiempo. Si llevamos las cosas al extremo (y añadimos un poco de imaginación y herejía), el ser humano fue el primer experimento de inteligencia artificial, llevado a cabo por el primer visionario: Dios.

Muchos dirán que el proyecto falló, que el prototipo resultó más bien tonto, irascible, autodestructivo, sin las cualidades de su creador. Por desgracia (o no, según se vea), aquel ejemplar estaba dotado de la capacidad de reproducirse. Dios sintió lástima por él, y lo dejó existir. Como consecuencia de ese acto piadoso, ahora hay un punto en el universo —la Tierra— poblado por miles de millones de productos defectuosos.

La ciencia, esa palabra que usamos para designar el método que nos acerca al conocimiento, ha intentado replicar el experimento de Dios. Ahora poseemos aparatos capaces de hacer operaciones matemáticas, de permitirnos viajar a grandes velocidades, de realizar tareas diversas sin fatiga y, frecuentemente, sin la intervención humana. El concepto de inteligencia, sin embargo, es huidizo. Muchos argumentan que se trata de la capacidad de resolver problemas, mientras que otros dicen que es la habilidad de conceptualizar lo concreto, volviéndolo abstracto, generalizable. Los más heterodoxos introducen la variable emocional en el concepto y aquellos con una vena mística se dejan llevar por la noción de lo eterno, lo inasible o lo trascendental.

No obstante, ni los más inteligentes de entre nosotros saben a ciencia cierta qué es la inteligencia, y ello plantea una ruta circular que nos lleva al absurdo: ¿Cómo es posible que un sistema inteligente no reconozca sus propios atributos?

Pero los más prácticos dejan de lado estas consideraciones filosóficas y, para no perder el tiempo, basan su trabajo en paradigmas operativos: Si la máquina se comporta de la misma manera que otro sistema considerado inteligente, entonces es inteligente.

El liderazgo en esta aproximación (y el ejemplo más extremo, también) es el del centro de investigación de IBM, en Almaden, California y su División de “Computación Cognitiva”, lidereada por Dharmendra Modha, un científico de catadura nada convencional y que tiene la inusual habilidad de transmitir sus conocimientos en un nivel que la mayoría es capaz de comprender. Escribe un blog que tiene ya un año de existencia (ver aquí) y el lema del mismo es: “to engineer the mind by reverse engineering the brain”. La traducción de esta frase es algo escurridiza, ya que en español el verbo “ingenierar” no significa nada (que yo sepa), pero el mismo Modha lo explica en una entrevista realizada por la revista PC Magazine (Julio, 2007): “Estamos tratando de tomar todo el conocimiento neurocientífico y de integrarlo en una plataforma computacional unificada. La idea es recrear la ‘wetware’, usando hardware y software” (la traducción es mía).  Y lo dice en serio. Al momento en que se escribe esto, han logrado simular parcialmente el funcionamiento de la corteza de un ratón. Claro, Mickey Mouse lleva aún la ventaja, pues la máquina que utiliza Modha aún tarda 6 veces más en reproducir el pensamiento del roedor, que tiene sólo 16 millones de neuronas por hemisferio (el cerebro humano tiene 100 mil millones) y 8 mil sinapsis por neurona. Y no están usando una simple PC: El equipo de Modha tiene acceso a lo más sofisticado del mundo: La computadora Blue Gene/L, que posee la estratosférica cantidad de 8,192 procesadores, 4 millones de megas de memoria y 1 gigabit de ancho de banda en cada procesador. Blue Gene/L puede realizar 280.6 Teraflops por segundo (280,600,000,000,000 cálculos por segundo, según la terminología norteamericana). Pero eso no es todo: A fines de este año, IBM planea dar un paso adelante y pondrá en funcionamiento a Blue Gene/P, que triplicará la capacidad de la versión /L. Será la primera computadora capaz de sobrepasar el cuadrillón de operaciones por segundo (1,000,000,000,000,000). Para que nos demos una idea de lo que esto significa: Será tan poderosa como una pila de laptops de dos kilómetros y medio de altura.
    Los planes futuros del equipo lidereado por Modha son pasar del cerebro de ratón al de rata, y de ahí al de gato. Por supuesto, no se detendrán ahí: En un futuro lejano emprenderán la tarea de replicar el cerebro humano y, ¿quién sabe?… tal vez el de Dios mismo.

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Aug 01

por Andrés Borbón

Hace seis o siete años escuché por primera vez de una nueva tecnología, llamada eink, que podría traducirse como “Tinta Electrónica”.  En pocas palabras, se trata de un panel con miles de microcápsulas de un pigmento negro, que al ser estimuladas por una corriente eléctrica cambian de configuración, subiendo a la superficie o bajando. El artículo que leí en aquél entonces prometía que esta tecnología sería el futuro de la lectura, pues posibilitaría crear aparatos para leer libros electrónicos.

¿Qué ventajas tiene la eink?
1) Menor cansancio al leer por tiempos prolongados (No requiere retroiluminación, como en las pantallas de LCD).
2) Larga duración de la batería (Utiliza energía sólo al cambiar de página).
3) Aspecto semejante al papel.

Pasaron los años y, tras algunos retrasos, en septiembre del 2006 Sony lanzó al mercado el Sony Reader, con las siguientes características:
1) Tamaño de un libro de bolsillo.
2) Pantalla en blanco y negro de alta resolución (800 x 600 px).
3) Memoria integrada de 64 Mb.

Como toda mi vida he sido un apasionado de los gadgets (juguetitos electrónicos), hice hasta lo imposible para conseguir el aparatejo. Finalmente, lo compré a través de un amigo sudafricano radicado en Seattle que lo mandó a México, pues Sony no lo vende fuera de Estado Unidos.

Hace ya casi un año de esto, y sigo sorprendido por la versatilidad del aparato. La batería dura el equivalente a 7,500 cambios de página (unos 15 libros) y soporta varios formatos de archivo: PDF, RTF, TXT y LRF (formato propietario de Sony). En la vida real, hay que recargar la pila cada 3 ó 4 semanas, pero ello no es ningún inconveniente. En la memoria interna del aparato, es posible cargar aproximadamente 100 libros, pero eso no es todo, pues se pueden utilizar tarjetas de memoria, con la posibilidad de introducir 2000 ó 3000 libros en ellas (o más, dependiendo de la capacidad de la tarjeta y el tamaño de los libros). Una función interesante es que el Sony Reader tiene un reproductor de mp3 integrado, así que es posible escuchar música mientras se lee, aunque ello reduce considerablemente la duración de la batería.

Pero… ¿¿¿Y los Libros??? Evidentemente, un lector de eBooks (Libros Electrónicos) no sirve para nada sin eBooks. Bueno, pues hay dos aproximaciones a este problema: La cara y la barata. La cara, es comprar los libros directamente a Sony, con precios que van de los 10 a los 15 dólares por título (a veces más). La barata, es inacabable: Internet está llena de páginas con libros gratuitos y, sobre todo, Legales. Sitios como el Proyecto Gutemberg, La Biblioteca Cervantes, Manybooks, Yoescribo.com y decenas más distribuyen libros cuyos derechos de autor han caducado y/o se pueden utilizar libremente. ¿Todo Shakespeare? No hay problema. ¿Melville? ¿Thomas Mann? ¿El Arcipreste de Hita? ¿Herodoto? ¿Gorki? ¿Dostoievski?… las opciones son interminables, y riquísimas.

También se puede crear contenido propio y leerlo en el Sony Reader. Así, es posible llevar consigo libros de referencia, apuntes, obras literarias e, incluso, contenido web (RSS). Hay una intensa comunidad informática trabajando activamente alrededor de esta nueva perspectiva y, en un futuro cercano, será posible descargar automáticamente el periódico de hoy, los nuevos artículos de nuestra página favorita, los recientes posts de aquellos blogs entrañables y llevarlos bajo el brazo para leerlos cuando uno quiera.

Regresando al encabezado de este artículo: ¿Es éste el futuro de la lectura? Bueno, tal vez lo primero que tendríamos que preguntarnos es si la lectura tiene futuro, pero éste es motivo de otro artículo. Por el momento, la respuesta a la primera pregunta es NO, pero las cosas podrían cambiar dramáticamente en los próximos años, una vez que las casas editoriales se pusieran de acuerdo y unificaran el formato de los eBooks (hay decenas), que redujeran los precios y que los aparatos para leerlos fueran más accesibles. También se tiene que trabajar intensamente en los DRM’s (Derechos de Autor Digitales) y en el asunto de la piratería. En los Estados Unidos, las ventas de eBooks se han disparado a niveles insospechados, y ya es un negocio rentable, multimillonario. ¿Por qué? La respuesta tiene que ver con la conveniencia, la flexibilidad y, sobre todo, con la perdurabilidad: Los libros electrónicos no envejecen, sus hojas no se cuartean y, si están convenientemente resguardados, son eternos. Los detractores de este concepto dirán que la experiencia de leer un libro real (en papel) es incomparable. El libro-objeto, espero, existirá por siempre. Sin embargo, ahora hay nuevas opciones y pronto veremos a un número creciente de personas accediendo a las bibliotecas digitales y a un mundo de lectura globalizado, sin fronteras, ilimitado.

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